Comprensión e interpretación de textos

¿Cómo leer e interpretar un texto? Las frases de un texto producen reacciones diferenciadas en cada uno de nosotros, especialmente cuando somos sometidos a presión. La comprensión e interpretación pueden ser obscurecidas por la tensión emocional, por el cansancio o por la ansiedad a la cual podríamos estar siendo sometidos.

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Comprender e interpretar un texto requiere un cierto grado de atención. (Foto: https://www.formacionyestudios.com

Las frases producen significados diferentes en cada individuo, de acuerdo con el contexto. Es necesario, de esta forma, hacer una confrontación de las partes que integran el texto. Es fundamental, también, entender las ideas que están por detrás del texto y las inferencias hacia las cuales el escritor está queriendo conducirnos. La postura ideológica del autor no puede ser descartada: Cuál es su tendencia, cuál es su influencia, cuál es su corriente, cuál es su filosofía de grupo, son detalles que el lector debe tomar en cuenta.

¿Cómo entender un texto?

Básicamente, se debe pensar en dos tipos de lectura: la informativa y la interpretativa. La primera (la informativa) debe hacerse cuidadosamente, por ser el primer contacto con el nuevo texto. De esa lectura, se extraen informaciones sobre el contenido abordado y se prepara el próximo nivel de lectura. En el caso de la segunda (la interpretativa), se deben resaltar las palabras claves, pasajes importantes y usar una palabra para resumir la idea central del párrafo. Este tipo de procedimiento permite agilizar la capacidad mental y la visualización, lo que favorece el entendimiento.

No se debe olvidar que, aunque la interpretación sea subjetiva, existen límites que deben ser respetados. La preocupación deber ser la captación de la esencia del texto, porque el texto, originalmente, no nos pertenece. Estamos tratando de entender lo que el escritor nos quiere decir, y lo que él puede estar diciendo no es necesariamente lo que estamos entendiendo. La comprensión de un texto no nos autoriza a torcer el pensamiento del escritor a nuestro favor.

En el caso de los textos literarios, es vital conocer las relaciones de aquel texto con la cultura local y correlacionar eso con textos afines procedentes del mismo contexto geográfico e histórico. Por ejemplo, un texto de 500 años atrás está arropado por una cultura, una historia y un contexto social totalmente diferentes del nuestro, aunque en cierto sentido sea lo mismo. Es como decir, hombre es hombre, sea aquí o allí; sea el de 500 años atrás o el de ahora. Lo que muda es el contexto y ese contexto debe ser sopesado.

Una de las fases más importantes para entender e interpretar un texto, es verificar si las preguntas que están relacionadas están siendo respondidas. Es bueno preguntarse sobre: dónde, por qué, cuándo, cuántas veces, de qué forma, cuál es la causa, cuáles son los elementos implicados, quiénes son los actores, cuál es el contexto histórico, geográfico, cultural, etcétera. A medida que respondemos estas preguntas, la historia se nos quedará más clara.

En concursos públicos

En relación con los concursos públicos, los estudiosos del tema indican que muchas veces se debe trabajar con el concepto de lo “más apropiado”, esto es, lo que mejor responde a la pregunta propuesta en un examen o prueba, sea cual sea. Una respuesta puede ser mejor para responder una cierta pregunta, pero, en un concurso, la banca puede estar con una idea diferente a la nuestra. Lo que es “lógico” para nosotros no se aplica en ese caso, ya que, como “competidores”, tenemos que prever lo que la banca examinadora puede estar pensando y, generalmente, la forma como los textos son contextualizados, busca eliminar la mayor parte de los concursantes.

Para hacer un análisis textual, y finalmente llegar a la comprensión del texto que está ante nuestros ojos, se pueden considerar diversos modelos. Algunos de los cuales son: el análisis léxico, el análisis sintáctico y/o el análisis semántico. El uso individual de estos tres modelos, o la combinación de ellos, dependerá de las circunstancias que nos obligan a su uso o no. Recordando que, en una prueba de esta magnitud, el tiempo es apremiante y perturbador, por lo que hay que trabajar con una cierta celeridad, pero sin perder la paciencia y el equilibrio emocional, que son esenciales para soportar la presión del momento.

En las pruebas, algunas preguntas incluyen fragmentos de textos, que son transcritos para que sirvan como base de análisis. Por eso es bueno retornar al texto principal para comparar, aunque parezca una pérdida de tiempo. La descontextualización de las palabras o frases, tienen, en muchos casos, la función de confundir al lector y crear dudas en su razonamiento. Para compensar esa pérdida de comprensión, se deben leer las frases del contexto inmediato (anterior y posterior) de la frase, para poder recuperar la idea principal y el sentido global propuesto por el autor. De esta forma, la respuesta estará más próxima de la realidad.

Referencias

A falta de Plan A…

A falta de Plan A

Enfatizando las ideas principales de un discurso

Cuando hacemos una lectura pública, o presentamos un discurso público, debemos dar énfasis a las ideas principales, de modo que la materia sea expuesta con claridad, permitiendo que el mensaje llegue de modo agradable a nuestros oyentes.

El buen lector ve aparte de la simple sentencia y más allá del simple párrafo. Él tiene en mente las ideas principales de la materia que esta siendo considerada y, en función de eso, determina dónde debe dar énfasis, a fin de que los que escuchan puedan sacar el máximo partido del discurso.

Cuando las ideas principales reciben el debido énfasis, es posible que se determine el significado de la lectura o del discurso. El énfasis es especialmente importante cuando se tiene que dar un discurso fundamentado en un manuscrito. Caso contrario, el discurso será monótono y sin propósito, lo que hará que se pierda la atencion del auditorio.

Cómo se puede dar énfasis en el discurso

¿Qué debe ser enfatizado en el discurso? Debe verificarse el tema. Si la idea gira en torno de una palabra específica, esa palabra, o expresión, tiene que ser enfatizada con frecuencia, pero sin llegar a ser pedante, antipático. Enfatizar no significa repetir insistentemente una palabra o frase, siendo cansativo. Debe evitarse “taladrar” las mentes de las personas. Al contrario, debemos ayudar a nuestros oyentes para que ellos puedan razonar correctamente nuestras ideas.

Es bueno recordar que las personas no quieren discursos, quieren resultados, y nadie está obligado a quedarse sentado escuchando lo que no se consigue asimilar. “Abrir la mente” de nuestro interlocutor es secundario. Primero nosotros tenemos que “abrir nuestras propias mentes”.

Al hacer una lectura pública, o al presentar un discurso para un auditorio, debemos responder a las diversas preguntas que son de interés para los oyentes, porque se supone que el discursante ya se respondió a sí mismo las preguntas antes de presentar su palestra, ¿no es verdad?

Así que, para transmitir correctamente las ideas principales, hay que enfatizar las ideas relacionadas, los subtítulos, las preguntas, los contextos, las ilustraciones. Ilustre de forma correcta y correlacione dicha ilustración con la vida real. Aplique dicha ilustración a la realidad próxima del oyente y no use ilustraciones ofensivas que no llevan a nada.

Si va a usar un manuscrito o un bosquejo en su discurso, que de hecho se recomienda, no se aplique a él de forma literal. Es decir, mantenga un contacto visual con el auditorio, mostrando que usted se debe a sus oyentes, no a un papel. Usted no está dando un discurso a un papel y sí a un grupo de personas.