
Las academias de letras hablan de “aberración”, pero los “@” y las “x” se cuelan cada vez más en el lenguaje cotidiano, incomodando escritores y lectores. En tiempos de revolución de las mujeres, ¿debemos cambiar la forma en la que nos comunicamos?
En su libro El segundo sexo, Simone de Beauvoir intenta explicar a qué nos referimos cuando hablamos de la mujer, y para eso indaga sobre lo que significa ser hombre: “Representa al mismo tiempo el positivo y el neutro, hasta el punto que se dice ‘los hombres’ para designar a los seres humanos, pues el singular de la palabra vir se ha asimilado al sentido general de la palabra homo».

Casi 70 años más tarde, y ante la resistencia estoica de las academias de letras, el debate sobre la discriminación a través del lenguaje se hace cada vez más presente en los centros educativos, las redacciones, los palcos en los eventos públicos y hasta en las pantallas de las computadoras cortadas por cursores titilantes.
¿Es la lengua española sexista? ¿Debemos entonces cambiarla? ¿Cómo deben ser esos cambios? “Todo cambio cultural se refleja en la lengua, que es como un sismógrafo social”, explicó a Infobae Pedro Luis Barcia, ex presidente de la Academia de Argentina de Letras y de la Academia Nacional de Educación, y con eso todos parecen estar de acuerdo. “Pero por falta de sentido y conocimiento del sistema lingüístico se mentan mal las realidades”, aclara, sobre el uso del símbolo “@” o de la “x” en las terminaciones de los sustantivos para esquivar los masculinos y femeninos, y da el puntapié inicial para el debate.
“El uso de la arroba al final de la palabra para sugerir doble valor femenino y masculino es un mamarracho, porque la arroba no es un signo lingüístico y no puede integrar palabras (…) En cuanto al uso final de la “x”, el mismo no alude a doble punta sino a una indeterminación, pues es signo de enigma por resolver”, explicó el lingüista. Sobre el desdoblamiento de los sustantivos, el juicio es aún más categórico, en tanto “contradice una de las reglas básicas del idioma: la economía”.
Pero si las “@” y “x”, e incluso el uso de las “e” para las terminaciones son un mamarracho, y la duplicación va en contra de la economía, ¿cómo hacemos para que el género femenino y, por qué no, el resto de los géneros se sientan incluidos en ese “universal” que es el hombre?
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