
En su famoso libro «El químico escéptico», Robert Boyle, el llamado padre de la Química, resumió bien el enfoque que él le daba a la investigación científica. Recomendó que los científicos no fueran arrogantes ni dogmáticos y que estuvieran dispuestos a admitir los errores. Insistíó en que no debían aferrarse a ideas fanáticas, sino aprender a distinguir entre las ideas que «sabían» que eran ciertas y las que «pensaban» ser ciertas.