La «cara» del idioma español y su complejidad morfológica-gramatical

El modo subjuntivo y verbos clave

En el caso de la gramática, muchos estudiantes extranjeros del idioma afirman – y con razón – que el idioma español se identifica por su abundante uso del modo subjuntivo, la frecuencia de uso de los verbos ser y estar y el empleo preciso de las perífrasis verbales.1 Un ejemplo del modo subjuntivo sería la frase: «Es importante que vengas a la reunión». Para el extranjero, estos detalles resultan especialmente difíciles de dominar. ¿Por qué?

Bueno, resulta que el modo subjuntivo en español se utiliza para expresar deseos, dudas, situaciones hipotéticas o acciones no concretadas. En el ejemplo «Es importante que vengas a la reunión», el subjuntivo «vengas» indica que ir a la reunión no es un hecho garantizado, sino más bien un deseo o una expectativa; puede ocurrir o no. Es solo una posibilidad. Este uso puede ser complicado para los hablantes no nativos, ya que en muchos idiomas el subjuntivo no se utiliza de la misma manera o no existe.

Flexión en el español

El español, también conocido como castellano, es una lengua flexiva de tipo fusionante.2 Esto significa que en las oraciones se utiliza principalmente la flexión para indicar las relaciones entre sus elementos. Por ejemplo, en el nombre se manifiestan categorías gramaticales importantes como el género o el número, mientras que en el verbo se expresan el tiempo y la persona.

Además, el idioma español cuenta con una rica variedad de dialectos que reflejan las diferencias culturales de las regiones donde se habla, lo que enriquece aún más su flexibilidad y capacidad de adaptación. Esta diversidad dialectal se puede observar en las distintas formas de conjugación verbal y en el uso de vocabulario específico, lo que permite a los hablantes del español comunicarse de manera efectiva en contextos tanto formales como informales, manteniendo siempre las estructuras gramaticales que definen la lengua.

Adposiciones y morfología

Aunque el español es predominantemente flexivo, también recurre al uso de adposiciones (preposiciones), que son palabras abstractas utilizadas como nexos y que no varían en forma. Las adposiciones son palabras que funcionan como nexos en una oración, y se dividen en preposiciones y posposiciones según su posición en relación con los términos que conectan; son invariables y se utilizan para establecer relaciones de significado entre los elementos de la oración. Un ejemplo de adposición es la preposición «en», como en la frase «El libro está en la mesa».

El español también es una lengua rica en morfología, caracterizada por su capacidad para formar palabras complejas a través de la combinación de raíces, prefijos y sufijos, lo que añade una profundidad significativa a su vocabulario. Por ejemplo, la palabra «incomprensible» se forma a partir de la raíz «comprens-» (entender), con el prefijo «in-» (negación) y el sufijo «-ible» (capacidad). Esto ilustra cómo se pueden construir términos que aportan significados específicos y matizados.

Estructura gramatical y flexibilidad

La estructura gramatical del español se basa en la flexión para expresar significados y relaciones, lo que permite que se pueda modificar el sentido de una palabra según el contexto en el que se encuentre. Por ejemplo, en la frase «El niño juega», la flexión del verbo «jugar» en la forma «juega» indica que la acción es realizada por el sujeto «El niño».

Esta flexibilidad morfológica no solo enriquece la lengua, sino que también ofrece a los hablantes una variedad de matices expresivos que pueden utilizar para matizar sus ideas con mayor precisión. Un ejemplo de esto es el uso de diminutivos, que puede transmitir no solo tamaño, sino también afecto o cercanía, como en el caso de «gatito».

Diferencias entre verbos transitivos e intransitivos

También tenemos que la forma como los argumentos de los verbos transitivos e intransitivos son marcados, siendo de esta forma agrupados dentro de las lenguas nominativo-acusativas con rasgos de ergatividad escindida.3 Esta clasificación es significativa, ya que permite comprender cómo los diferentes idiomas estructuran la información y las relaciones entre los participantes en una acción.

Por ejemplo, en español, el sujeto de la oración «El perro corre» (intransitivo) se marca de manera diferente al de «El perro atrapa al gato» (transitivo), donde claramente podemos ver la diferencia en el rol que desempeñan el sujeto y el objeto. En el primer caso, el verbo no necesita un objeto directo para completar su significado, mientras que en el segundo caso, la acción del verbo exige un receptor, lo que refleja la complejidad y variedad de las estructuras gramaticales presentes en las lenguas humanas.

Acentuación y consistencia

Por lo demás, el español es una lengua de núcleo inicial altamente consistente, lo que significa que la mayoría de las palabras comienzan con una sílaba acentuada, como «cárcel» y «lámpara». Esta característica contribuye a su consistencia y fluidez, facilitando la pronunciación y la comprensión para aquellos que están aprendiendo el idioma. La estructura silábica del español, que a menudo resalta la acentuación, no solo otorga claridad en la comunicación, sino que también proporciona un ritmo inherente que puede hacer que el idioma suene melodioso y atractivo.

Además, esta forma de organización permite una mayor musicalidad en el habla, lo que es atrayente tanto para los hablantes nativos como para los que se están iniciando en el aprendizaje del español. Por ejemplo, en poesía y música, el español se destaca por su capacidad de encajar perfectamente en distintas métricas y ritmos. Algunos géneros musicales, como la salsa y el flamenco, exhiben este fenómeno, donde la cadencia y la tonalidad del idioma se combinan para crear expresiones artísticas cautivadoras.

Como resultado de esto, el español no solo beneficia a sus hablantes, sino que también se ha convertido en un idioma muy apreciado en el ámbito global. Su rica herencia cultural e histórica, junto con su estructura fonética y gramatical, lo convierte en una lengua ideal para diversas formas de expresión. Al ser considerado uno de los idiomas más hablados del mundo, su ritmo y cadencia se destacan no solo en la literatura, donde escritores renombrados han dejado una huella perdurable, sino también en el cine, donde las narrativas se ven enriquecidas por el uso del español.

Resumen

El español se destaca por su complejidad gramatical y su rica morfología, lo que presenta desafíos únicos para los aprendices del idioma. A través del uso del modo subjuntivo, la flexión para señalar relaciones gramaticales y el empleo de adposiciones, el español permite una expresión matizada y precisa.

Estas características no solo definen su estructura, sino que también enriquecen la interacción comunicativa, facilitando una variedad de matices expresivos. A pesar de las dificultades que pueden surgir, comprender y dominar estos elementos es fundamental para alcanzar un uso fluido y efectivo del español, convirtiéndolo en una lengua fascinante y multifacética dentro del panorama de las lenguas romances.

Gracias a estas cualidades, el español se sitúa como un puente cultural que conecta a diferentes comunidades y enriquece el diálogo intercultural en un mundo cada vez más globalizado.

Notas:

  1. Las perífrasis verbales son construcciones lingüísticas que constan de dos o más verbos que funcionan como una sola unidad de sentido. Por lo general, se componen de un verbo auxiliar conjugado seguido de un verbo principal en forma no personal (infinitivo, gerundio o participio). Estas construcciones expresan intención, comienzo, duración, transcurso o fin de una acción. Aquí tienes algunos ejemplos de perífrasis verbales en español:
    Perífrasis modales (expresan la actitud del hablante):
    Tener que: «Tengo que salir inmediatamente.»
    Deber: “Debes llegar puntual.”
    Haber de infinitivo: «Has de llegar puntual.»
    Perífrasis temporales (dan temporalidad a la acción o expresan hábito):
    Ir a + infinitivo: «Voy a leer un rato.»
    Soler + infinitivo: «Suelo acudir dos veces por semana a la academia.»
    Llevar + gerundio: «Llevo estudiando en esa escuela tres años.»
    Estas construcciones nos permiten comunicar de manera más precisa y rica en significado. Si tienes más preguntas o deseas practicar, no dudes en hacerlo. ↩︎
  2. Las lenguas fusionantes (antiguamente llamadas lenguas flexivas, término que actualmente incluye también a las lenguas aglutinantes) son un tipo de lengua sintética con flexión morfológica, que además tienen tendencia a fusionar morfemas. En otras palabras, las lenguas flexivas se caracterizan por incluir mucha información mediante la flexión de las palabras, típicamente añadiendo afijos. A diferencia de las lenguas aglutinantes, las lenguas fusionantes emplean menos morfemas para la flexión, fusionando morfemas de tal manera que un mismo morfema puede realizar simultáneamente el papel de varios morfemas teóricos. Por ejemplo, en los verbos del español, la terminación «-mos» indica que se trata de una forma de la 1.ª persona y también que es plural. En latín, el sufijo flexivo de los adjetivos «-ōrum» indica tanto el caso genitivo, como el número plural y el género preferentemente masculino o neutro. Así, un único morfema refleja hasta tres categorías al mismo tiempo. Las lenguas indoeuropeas, como el latín, español, portugués, rumano, alemán, islandés, ruso, polaco y búlgaro, son ejemplos de lenguas fusionantes. Estas lenguas tienden a incluir una rica flexión morfológica y fusionar morfemas para expresar múltiples significados en una sola palabra ↩︎
  3. Rasgos de Ergatividad Escindida: La ergatividad es un fenómeno gramatical en el que los argumentos de los verbos se marcan de manera diferente según su función en la oración. En las lenguas con rasgos de ergatividad escindida, se produce una división en la marca de caso entre los verbos transitivos e intransitivos. Los verbos transitivos (aquellos que toman un objeto directo) siguen un patrón similar al nominativo-acusativo, donde el sujeto (nominativo) y el objeto directo (acusativo) se marcan de manera diferente. Sin embargo, los verbos intransitivos (que no toman un objeto directo) se marcan de manera diferente, a menudo utilizando una forma especial de caso llamada ergativo. Ejemplo en una lengua hipotética con ergatividad escindida:
    Juan (ergativo) come una manzana (acusativo).
    Juan (nominativo) duerme. ↩︎

Referencias

La confusión por el uso del término «presidenta» en Brasil

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En Brasil existe una fervorosa confusión por el uso del término «presidenta», aplicado a la líder de la nación, Dilma Rousseff. Claro, este enredo tiene que ver con la estructura gramatical del idioma portugués. Pero ¿será que este malentendido aplica también al idioma español? ¿Será correcto emplear el término femenino «presidenta», o debe siempre usarse el género masculino «presidente» para ambos sexos?

Presidenta
Dilma Rousseff, en el parlamento brasileño, defendiéndose del proceso de suspensión de su mandato presidencial (Foto: http://www.senado.gov.br)

Transcribimos aquí la opinión de la Real Academia de la Lengua Española.

Circula por internet un documento que aduce una serie de razones pseudogramaticales para censurar el uso de femeninos como presidenta. La parte fundamental de la explicación dice:

El participio activo del verbo atacar es «atacante»; el de salir es «saliente»; el de cantar es «cantante» y el de existir, «existente». ¿Cuál es el del verbo ser? Es «ente», que significa ‘el que tiene entidad’, en definitiva ‘el que es’. Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad de ejercer la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación «-nte». Así, al que preside, se le llama «presidente» y nunca «presidenta», independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción.

Esta argumentación se basa en tres afirmaciones:

  • que el participio activo del verbo ser es ente,
  • que la terminación –nte que añadimos a los participios activos de los verbos procede de ente,
  • que dicha terminación se toma de ente porque este denota entidad o significa ‘el que es’.

Sin embargo:

1. El participio activo del verbo ser no es ente. El único participio que actualmente tienen, de forma general, los verbos españoles, es el de perfecto (por ejemplo, sido, para el verbo ser, o comido para comer). Solo algunos verbos tienen entre sus derivados los llamados participios activos, que hoy se consideran sustantivos (como presidente) o adjetivos (como atacante o cantante). El verbo ser tuvo en el pasado una forma de participio activo hoy perdida, pero no era ente sino eseyente.

2. La terminación –nte no procede de ente. Nuestro sustantivo ente (que, como se ha dicho, no es el participio del verbo ser) sí que deriva, sin embargo, de ens, entis, participio de presente del verbo latino esse (‘ser, estar’). Pero el hecho crucial no es que el participio del verbo ser en latín tuviera esta forma entis, sino que todos los participios de presente del latín tenían esta misma forma: e-ntis, ama-ntis, lege-ntis, capie-ntis, etc. Obviando la raíz verbal y la vocal temática que quedan a la izquierda del guion, en todas estas formas lo que encontramos es la secuencia –nt– y la terminación –is, desinencia de caso genitivo.

Esta secuencia –nt– es un infijo, un elemento que se inserta en el interior de una palabra, y es una marca morfológica que indica un subtipo concreto de declinación por el que se guían algunas de las palabras que forman parte de la tercera declinación latina. Este mismo infijo, y este mismo submodelo de declinación (llamado precisamente temas en –nt-), está presente también en otras lenguas, como el griego clásico. Aunque por este modelo de temas en –nt– se declinan solo unos pocos sustantivos y adjetivos, en la práctica es muy productivo, porque es el modelo por el que se declinan todos los participios de presente activos de todos los verbos latinos y varios de los participios del griego clásico.

3. La terminación -nte no se toma de ente porque este denote al ser. El hecho de que esta secuencia -nt- aparezca no solo en ente, sino en todos los participios de los verbos latinos, e incluso en otros adjetivos (como prudentis, ‘prudente’), sustantivos (como /leontos/, ‘león’ en griego) y determinantes (como /panta/, ‘todo’ en griego), prueba que esa –nt– no ha sido nunca, a lo largo de su historia, marca de entidad o de existencia. Nunca, por sí sola, ha denotado al ser, al ente. Llegó a denotar, en latín, al ente al entrar en interacción con el verbo ser, pero entró en contacto con este verbo, como con todos los demás verbos latinos, pues no es más que una marca morfológica de la que los verbos se sirven para declinar una de sus formas no personales, el participio.

Lo que históricamente existe es este infijo –nt– y no la terminación –nte. Recordemos que en las formas amantis o legentis la terminación –is es marca de genitivo, pero este es solo uno de los seis casos que tienen las declinaciones latinas. Estas declinaciones establecen distintas terminaciones en función del caso, del género y del número: un participio como entis puede tener potencialmente hasta 24 desinencias, es decir, 24 terminaciones después del infijo –nt– (entem, entis, enti, entium, entia, etc.) que se encargan precisamente de marcar el caso, el número y el género. Nada, por tanto, en la morfología histórica de este elemento –nt– impide que las palabras que se forman con él tengan una forma distinta para el género femenino; es más, históricamente este infijo ha formado parte de palabras que explícitamente diferenciaban el género.

Por último. Es cierto que el español conserva este infijo fundamentalmente en la terminación –nte, y es fácil caer en el error de creer que la emplea solo para referirse a la persona que realiza la acción del verbo (presidente el que preside, cantante el que canta, atacante el que ataca). Sin embargo esto no es una verdad absoluta: ni todos los verbos se refieren al agente con esta terminación, ni siempre que esta terminación aparece se asocia a la persona que lleva a cabo la acción del verbo.

Los que luchan, los que inventan, los que trabajan, los que corren, etc. no son los luchantes, los inventantes, los trabajantes, etc. sino el luchador y la luchadora, el inventor y la inventora, el trabajador y la trabajadora. El español actual conserva, además, casos en los que este infijo es más una mera marca gramatical (heredera de un antiguo participio que hoy ya no se siente como tal): mediante, de mediar; durante, de durar; o bastante, de bastar. Y de hecho, en el español de otras épocas estas palabras tenían forma en plural (era, por ejemplo, posible decir ellas durantes).

Nada en la morfología histórica de nuestra lengua, ni en la de las lenguas de las que la nuestra procede, impide que las palabras que se forman con este componente tengan una forma para el género femenino. Las lenguas evolucionan y en esa evolución se transforman. Estos cambios se deben a muchas causas, algunas son causas internas (evoluciones fonéticas, por ejemplo); otras son externas, el contacto con otras lenguas o el cambio en las sociedades que las hablan. Para que una lengua tenga voces como presidenta, solo hacen falta dos cosas: que haya mujeres que presidan y que haya hablantes que quieran explícitamente expresar que las mujeres presiden. Si esas dos circunstancias se dan, ninguna supuesta terminación, por muy histórica que sea su huella, frenará el uso de la forma femenina (preguntamos al lector por qué no se han levantado voces contra el uso del femenino sirvienta). Pero es que, además, en el caso de este infijo concreto, la historia de nuestra lengua y la de las lenguas que la precedieron pueden llegar a avalar el empleo de voces como presidenta, pues al hilo de esta explicación parecen ser menos conservadoras que la variedad actual.

Vea: http://www.fundeu.es/escribireninternet/presidenta/

Vea esta otra explicación de la Academia de la Lengua:

La palabra presidenta está registrada en el Diccionario académico y es una forma válida y preferible a presidente para aludir a las mujeres que ocupan ese cargo.

En las noticias es frecuente encontrar las formas presidenta y presidente para aludir a mujeres como en «La presidenta argentina exhortó a seguir por el camino de la reindustrialización», «Existía la esperanza de que con la llegada de la presidente Bachelet se eliminaría este impuesto» o «Ana Patricia Botín, nueva presidente del Santander».

Dado que la mayoría de las palabras que han añadido el sufijo -nte son comunes en cuanto al género (como el donante y la donante, del verbo donar), a menudo se plantea la duda de si sucede lo mismo en el caso de presidente y ha de ser siempre la presidente cuando alude a una mujer.

Sin embargo, la Gramática académica explica que la voz presidenta es un femenino válido en el que se ha cambiado la e final por a, al igual que ocurre con asistenta, dependienta, infanta o intendenta. Puesto que, además, presidenta ya tiene registro académico desde el Diccionario de 1803, se emplea desde mucho antes y es la forma mayoritaria, según el Diccionario panhispánico de dudas, no parece que haya motivo para no usar o incluso para no preferir esta forma cuando el referente es una mujer.

Por esta razón, en los dos últimos ejemplos anteriores habría sido preferible escribir «Existía la esperanza de que con la llegada de la presidenta Bachelet se eliminaría este impuesto» o «Ana Patricia Botín, nueva presidenta del Santander».

Se recuerda además que los cargos se escriben con minúscula inicial (presidenta, no Presidenta).

Par más información, ver:

http://www.fundeu.es/recomendacion/presidenta-femenino-correcto/;

https://www.fundeu.es/escribireninternet/presidenta/

http://udep.edu.pe/castellanoactual/duda-resuelta-la-presidenta-o-la-presidente/#comment-121702;

http://udep.edu.pe/castellanoactual/duda-resuelta-senora-presidente/;

http://udep.edu.pe/castellanoactual/oficios-y-profesiones-del-sexo-debil/

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Historia del idioma español

Extensión actual del español en el mundo

Expansión del español en la península ibérica

El español o castellano es una lengua romance, derivada del latín, que pertenece a la subfamilia itálica dentro del conjunto indoeuropeo. Es la lengua oficial de España y la nacional de México, de las naciones de Sudamérica y Centroamérica —excepto Brasil, las Guayanas y Belice—, de las naciones caribeñas de Cuba, Puerto Rico y la República Dominicana, de la nación africana de Guinea Ecuatorial y goza de protección constitucional en el estado estadounidense de Nuevo México.

Además, es oficial de varias organizaciones y tratados internacionales como la ONU, la Unión Europea, el TLCAN, la Unión Latina y la OEA; cuenta con unos cuatrocientos cincuenta millones de hablantes, entre los que se incluyen los hispanos que viven en Estados Unidos de América y algunos cientos de miles de filipinos, así como los grupos nacionales saharauis y los habitantes de Belice, donde el idioma oficial es el inglés. Esta lengua también es llamada castellano, por ser el nombre de la comunidad lingüística que habló esta modalidad románica en tiempos medievales: Castilla.

La Historia del idioma español se puede dividir en tres grandes bloques: prerrománica, a todos los sucesos dados antes de la invasión romana; románico, a los sucesos en España del Imperio romano y postromántico, a todo lo sucedido después de la invasión Romana.

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