El origen de la letra «ñ» y su poder seductor

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El origen de la letra “ñ” se remonta a la Edad Media, tiempo de los monasterios y de la invención de la imprenta.

La letra “ñ” representa la formación del sonido palatal nasal, conforme define el Alfabeto Fonético Internacional (AFI): ɲ. Esto significa que el aire escapa a través de la nariz y es articulada con la parte media o trasera de la lengua y el paladar óseo.

El origen de la letra “ñ” se remonta a la Edad Media, época en la cual, en los monasterios, y después en el tiempo de la invención de la imprenta, se buscaba economizar letras para ahorrar esfuerzo en las tareas de copiado y colocación de caracteres. Originalmente, el sonido de la “ñ” era simbolizado por la secuencia “nn” (doble “n”), lo que representaba un costo elevado en la producción de textos (en portugués, la combinación “nh” equivale a “ñ”).

Así que, un día de esos, alguien tuvo la maravillosa idea de sugerir que la “nn” fuese reducida a “ñ”; es decir, la letra “n” combinada con una línea cursiva, bien discreta, pero significativa, denominada de “virgulilla”, que sería colocada encima de la “n”, dando origen así a la “ñ”, la letra simbólica del idioma español o castellano. Fenómeno parecido comenzó a acontecer con el idioma portugués, donde, por ejemplo, “an” pasaría a ser escrito “ã”, como en el caso de la palabra “maçã” (manzana).

La “ñ” también marca presencia en otros alfabetos (asturiano, aymara, bretón, bubi, gallego, euskera, extremeño, chamorro, mapuche, mapudungun, filipino, quechua, guaraní, otomí, mixteco, kiliwa, tagalo, tártaro de Crimea, tetun, wólof y zapoteco). También aparece en otras lenguas nilo-saharianas, el zarma y las lenguas aborígenes australianas.

En Brasil, es muy común hoy en día representar la negación “não” [no], con la letra “ñ”, fenómeno histórico de los tiempos modernos, producto de la expansión del idioma español en este país continental, y gracias, en gran parte, a la influencia de la Internet.

De esta forma, levantamos la campaña a favor de un mayor uso de la letra “ñ” en los sistemas electrónicos de comunicación, v. g. Internet, donde la “ñ” generalmente es sustituida por la “n”, especialmente en los programas informáticos. Quién sabe si con el tiempo la “ñ” llegue a formar parte del alfabeto portugués y de otros idiomas.

Ref.:

La «ñ», la hija rebelde del español

Archivo:Silla «ñ» de la Real Academia Española.jpg
Detalle ornamental de madera con la letra ‘ñ’, símbolo representativo del idioma español, en la Casa de las Letras en la Real Academia de la Lengua.

La letra «ñ», la marca registrada ® del idioma español. Ella es tan especial y tan distintiva del idioma de Cervantes, que podríamos llamarla de diferentes formas: «la hija amada de la lengua española», «la hija predilecta» o, simplemente, «la hija rebelde del idioma español». Y no es por nada. No, no existen argumentos válidos que puedan macular su imagen. Al contrario.

Ella es tan hermosamente femenina, tan preciosa, que llama la atención de todo el mundo, por donde quiera que ella pase. Y cuando decimos «todo el mundo», estamos hablando en sentido literal. Del abecedario español, ella es todo: la «oveja negra», la «oveja blanca», «la oveja gris», «la oveja amarilla»… Lo que usted quiera, la oveja que usted quiera y que usted imagine que exista. Ella es amada por todos.

Nunca en la historia fue tan amada como en nuestros días. ¿Quién se atrevería a odiarla? Nadie. ¿Quién se atrevería a amarla? Todos. Todos la amamos, todos la queremos, aunque sea rebelde.

Foto de destaque: Suzana Camargo en https://conexaoplaneta.com.br

La letra «ñ» también es gente

La culpa es de los gnomos que nunca quisieron ser ñomos. Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio. Todos evasores de la eñe. ¡Señoras, señores, compañeros, amados niños! ¡No nos dejemos arrebatar la eñe!

Ñ - Wikiwand

Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración. Ya nos redujeron hasta la apócope. Ya nos han traducido el pochoclo. Y como éramos pocos, la abuelita informática ha parido un monstruoso # en lugar de la eñe con su gracioso peluquín, el ~.

¿Quieren decirme qué haremos con nuestros sueños? ¿Entre la fauna en peligro de extinción figuran los ñandúes y los ñacurutuces? ¿En los pagos de Añatuya cómo cantarán Añoranzas? ¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo? ¿Qué será del Año Nuevo, el tiempo de ñaupa, aquel tapado de armiño y la ñata contra el vidrio? ¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní?

«La ortografía también es gente», escribió Fernando Pessoa. Y, como la gente, sufre variadas discriminaciones. Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K. Otros, pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita segunda, la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro de pasar al bando de los desocupados después de rendir tantos servicios y no ser precisamente una letra ñoqui.

A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo. «Pereza ideológica», hubiéramos dicho en la década del setenta. Una letra española es un defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada también por pereza y comodidad.

Nada de hondureños, salvadoreños, caribeños, panameños. ¡Impronunciables nativos! Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece. Algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido porque así nos canta.

No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con nuestro inolvidable César Bruto, compinche del maestro Oski. ‘Ninios’, ‘suenios’, ‘otonio’. Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la Madre Patria retroceda y vuelva a llamarse Hispania.

La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software. Luchemos para no añadir más leña a la hoguera dónde se debate nuestro discriminado signo. Letra es sinónimo de carácter. ¡Avisémoslo al mundo entero por Internet! La eñe también es gente.

Nota de Lorena Udler, en: https://udlerlorena.wordpress.com/2013/02/10/la-ene-tambien-es-gente-de-maria-elena-walsh/:

Este texto de María Elena Walsh fue originalmente publicado en el diario “La Nación” en 1996 y fue escrito en el marco del conflicto cultural que protagonizó la Comunidad Económica Europea (CEE), cuando impulsó de forma imprudente el proyecto de algunos fabricantes de computadoras, que pretendían comercializar teclados sin la letra “ñ”. La Real Academia Española (RAE) proclamó en un informe (1991) que esto representaría “un atentado grave contra la lengua oficial”. Finalmente, el gobierno español respondió en 1993 con una ley proteccionista de la lengua, acogiéndose al Tratado de Maastricht.

maría elena walsh
María Elena Walsh

A través de este texto se aborda, con humor, el tema de la identidad de la lengua. La letra “ñ”, que representa el fonema nasal palatal sonoro, no existía en el griego ni en el latín, origen de las lenguas romances actuales. Solo existía la “n”, que a comienzos de la Edad Media se reforzó con otros signos, especialmente las letras “i”, “y”, “g”, e incluso la “n” duplicada (“nn”). Al aparecer, en las lenguas romances vulgares, la duplicidad se empezó a transcribir con un guión encima, que indicaba que se repetía la letra. Este rasgo caracterizó al español frente a otras lenguas, siendo la “ñ” una letra representativa del mismo. La RAE la añadió al alfabeto en la segunda edición de su Ortografía (1754), y se considera la decimoséptima letra del abecedario.

Fuente adaptada: Uruguay Educa, Portal Educativo de Uruguay, Administración Nacional de Educación Pública.