Entre letras y dígrafos

Durante décadas, se ha discutido bastante el uso de las letras y los dígrafos del español. Mucho se ha hecho para establecer un patrón común, de aplicación general y definitivo, que explique la relación que existe entre las letras del abecedario y los dígrafos del español o castellano.

No se deben confundir las letras con los dígrafos. Foto: https://www.rawpixel.com

La Real Academia de la Lengua – RAE ha coordinado, junto con las diferentes Asociaciones de la Lengua Española, incontables eventos y encuentros que permiten definir y consolidar las reglas y principios que rigen el idioma español.

El propósito principal de las Asociaciones de la Lengua consiste en proteger el idioma español de cualquier interferencia lingüística extranjera y de toda motivación negativa y mal intencionada que tenga como interés dañar la belleza natural de nuestra lengua, aun cuando ese fenómeno acontezca dentro de las fronteras de los nativos.

El entendimiento de los elementos que conforman el abecedario del español está claro en las mentes de la mayoría. Pero, por lo que vemos, algunos se oponen a esos cambios y actualizaciones. Existen fuertes razones que inducen a algunos a pensar de un modo diferente y no aceptan, consecuentemente, las reglas establecidas por la RAE y por las diferentes asociaciones de la lengua.

Algunos argumentan que el hecho de segregar los dígrafos ch y ll del abecedario es una aberración o, por lo menos, un error cometido por la Academia. Por otro lado, están aquellos que afirman que hasta en el aspecto tecnológico se puede ver que las máquinas de escribir, los teclados de computador y otras tecnologías no disponen de ninguna letra ch o ll. De hecho, ‘no es necesario’, dicen, porque solo basta replicar la letra o hacer la combinación necesaria, a fin de poder escribir la palabra deseada.

Veamos un ejemplo. Si alguien va a escribir las palabras «chicle», «chancleta», «lluvia», «llano», etc., no va a encontrar en ningún teclado de un computador o máquina de escribir la pieza que facilite ese proceso de escritura. Quien piensa en escribir esas palabras y otras parecidas tiene que hacer el esfuerzo natural de duplicar el toque de las letras c, h y l, conforme corresponda.

Algunos replican, diciendo que ese tipo de argumento solo complica el asunto, porque ‘las tecnologías dependen en grande medida de las potencias mundiales, cuyos idiomas no precisan del uso de dígrafos’, o algo parecido.

Bueno, ¿quién manda no dominar las tecnologías, así como hacen esas naciones poderosas’? ¿Quién es que deja que las lenguas de las potencias se impongan en sus países? ¿Quién manda no imponerse? También, ¿cuáles serían las ventajas de que cada nación o grupo de naciones usase un tipo de tecnología diferente relacionado con la escritura, solo por cuestiones de orgullo nacional? No es que no sea posible implantar tecnologías locales. La cuestión de peso es dónde están las ventajas de hacer eso.

Veamos lo que dice la Academia de la Lengua Española sobre los dígrafos:

Desde la segunda edición de la Ortografía académica, publicada en 1754, venían considerándose letras del abecedario español los dígrafos ch y ll (con los nombres respectivos de che y elle), seguramente porque cada uno de ellos se usaba para representar de forma exclusiva y unívoca un fonema del español (antes que la extensión del yeísmo alcanzara los niveles actuales y diera lugar a que hoy el dígrafo ll represente dos fonemas distintos, según que el hablante sea o no yeísta). Es cierto que se diferenciaban en esto de los demás dígrafos, que nunca han representado en exclusiva sus respectivos fonemas: el fonema /g/ lo representa también la letra g ante a, o, u (gato, goma, gula); el fonema /k/ se escribe además con c ante a, o, u y con k (cama, cola, cuento, kilo, Irak); y el fonema /rr/ se representa con r en posición inicial de palabra o detrás de consonante con la que no forma sílaba (rama, alrededor, enredo).

Lo cierto es que, en español, además de las veintisiete letras que constituyen el abecedario, existen cinco dígrafos o combinaciones de dos letras, que se emplean para representar gráficamente los siguientes fonemas:

a) Dígrafo ch, representa el fonema /ch/: chapaabochornar.

b) Dígrafo ll, representa el fonema /ll/ (o el fonema /y/ en el caso de los hablantes yeístas): lluviarollo.

c) Dígrafo gu, representa el fonema /g/ ante e, i: pliegueguiño.

d) Dígrafo qu, representa el fonema /k/ ante e, i: quesoesquina.

e) Dígrafo rr, representa el fonema /rr/ en posición intervocálica: arroztierra.

Como podemos ver, si el abecedario español aceitase los dígrafos ch y ll, entonces también deberían ser tomados en cuenta los otros dígrafos que existen en el español y pueden estar siendo dejados de lado: gu, qu, y rr.

Por eso, la Ortografía de la lengua española indica que «este argumento [de pensar que los dígrafos ch y ll deben formar parte del abecedario] no es válido desde la moderna consideración de las letras o grafemas como las unidades mínimas distintivas del sistema gráfico». De cierta forma, esta visión desconsidera, hasta cierto punto, el aspecto fonológico de las letras y dígrafos, dando prioridad a otras características intrínsecas.

La Ortografía de la lengua española explica los motivos de excluir los dígrafos del abecedario español:

Por lo tanto, a partir de este momento, los dígrafos ch y ll dejan de ser considerados letras del abecedario español, lo cual no significa, naturalmente, que desaparezcan de su sistema gráfico; es decir, estas combinaciones seguirán utilizándose como hasta ahora en la escritura de las palabras españolas. El cambio consiste, simplemente, en reducir el alfabeto a sus componentes básicos, ya que los dígrafos no son sino combinaciones de dos letras, ya incluidas de manera individual en el inventario. Con ello, el español se asimila al resto de las lenguas de escritura alfabética, en las que solo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque en todas ellas existen combinaciones de grafemas para representar algunos de sus fonemas.

La Academia de la Lengua Española entiende que ‘los grafemas son propiamente letras’, es decir, signos gráficos simples. Basados en esa premisa, la Academia de la Lengua Española entiende que es necesario excluir los dígrafos ch y ll del abecedario, porque no son grafemas simples. Eso no significa que los dígrafos ch y ll desaparecen de la lengua o de la escritura.

Al contrario, los dígrafos son mantenidos en su lugar correspondiente en el proceso de escritura. Por ejemplo, usted no va a dejar de escribir «charla», «charco», «lluvia», «llave», para escribir algo que no existe, o tal vez sí, pero que tenga un sentido diferente, como /Carla/, /Carco/, /Luvia/, /Lave/, simplemente porque se optó por omitir la forma del dígrafo.

Por esta razón, no deben formar parte del abecedario las secuencias de grafemas que se emplean para representar ciertos fonemas. Veamos:

Como podemos ver, estamos ante dos áreas diferentes de estudio del idioma español: uno dedicado a la fonética y otro a la gramática. Claro, sin dejar de lado la lingüística, la ortografía y otras áreas. Este conflicto de intereses, diríamos, de alguna forma tiene que ser conciliado.

Para mediar los intereses particulares, las Asociaciones de la Lengua Española lanzan propuestas y recomendaciones que culminan en parámetros que son aceptados tanto por unos como por otros, conforme al interés personal que atraiga a la persona.

Por eso, en grande parte, debemos recurrir a estas dos escuelas, para poder zanjar la disputa existente entre las letras y los dígrafos, conflicto creado simplemente por nosotros los seres humanos, hablantes del español o castellano, que no entendemos la diferencia que existe entre las letras y los dígrafos.

Citado en RAE y ASALE (2010). Ortografía de la lengua española. Madrid: Espasa Calpe. pp. 64-65. ISBN 978-6-070-70653-0.

Vea:

  1. Dudas sobre el idioma español, en: https://espanolaldia.wordpress.com/dudas-sobre-el-idioma-espanol/
  2. Sobre la exclusión de los signos «ch» y «ll» del abecedario español, en: https://espanolaldia.wordpress.com/2014/10/14/sobre-la-exclusion-de-los-signos-ch-y-ll-del-abecedario-espanol/
  3. Dígrafos del idioma español, en: https://espanolaldia.wordpress.com/2022/06/11/digrafos-del-idioma-espanol/

¿En qué momento la letra "f" reemplazó la "ph" en el idioma español?

Ortografía de la lengua española.

Facsímil de la primera edición de la ortografía española de la Real Academia de la Lengua.

Raphael, el famoso cantante español, se llama en realidad Rafael Martos Sánchez. Tenía 18 años cuando un día acudió a una prueba para ver si lograba grabar un vinilo con la compañía discográfica Philips. Y entonces cambió su vida…

Estaba en la sala de espera, aguardando nervioso su turno para entrar en el estudio, cuando sus ojos se posaron en un cartel publicitario de Philips. Observó el anuncio, lo volvió a observar y tomó una decisión: a partir de ese momento se cambiaría el prosaico nombre Rafael por el mucho más sofisticado de Raphael.

El caso es que superó la prueba, grabó con Philips su primer disco y comenzó ahí su escalada hacia la fama.

Lo que Raphael probablemente no sabía entonces es que, al elegir cambiar la ‘f’ de su nombre por “ph”, en realidad no estaba siendo moderno, sino profundamente anticuado. Por no decir directamente arcaico, absolutamente anacrónico.

Una historia de romanos

Hasta el siglo XIX en la lengua española el sonido “f” no se conseguía sólo con esa letra. Había también una secuencia de dos letras (lo que se conoce en lingüística como dígrafo) que producía exactamente el mismo sonido obstruyente, fricativo labiodental y sordo que la consonante “f”: la grafía “ph”.

Y aunque ambas se pronunciaban de igual modo, “f” y “ph” convivían tan tranquilas en la lengua española.

La historia viene de lejos. Concretamente, de la época de los romanos, quienes adquirieron la costumbre de escribir con “ph” las palabras de origen griego y con ‘f’ las palabras de su lengua materna. Y esa costumbre no sólo se traspasó al castellano, lengua que al fin y al cabo procede del latín, sino que se mantuvo hasta nada menos que 1803.

Raphael, cantante español

El cantante español Raphael quizás creyó estar siendo moderno. Estaba siendo anacrónico.

Así, hace dos siglos y medio lo que hoy es fantasía era phantasía. Los faraones del antiguo Egipto eran pharaones. La falange del dedo se escribía phalange. La farmacopea, el arte de preparar los fármacos, aparecía en los manuales u textos como pharmacopea. Los farmacéuticos eran pharmacéuticos, y obviamente atendían a sus clientes no es una farmacia sino en una pharmacia.

Y frases como esta eran en realidad phrases.

En 1753 salían libros con títulos como “Índice de la Philosofia Moral”, de Antonio Codirniú. Y antes aún en 1596, Alonso López Pinciano ya escribía su “Philosofía antigua poética”.

De ortographia a ortografía

Pero la prueba definitiva del poder del dígrafo ‘ph’ es que la primera ortografía que publicó en 1741 la Academia de la Lengua Española, a los 28 años de su creación, se titulaba nada menos que “Ortographia Española”.

“La segunda edición de esa manual es de 1754 y ya entonces sí que iba sin ‘ph’, se llamaba “Ortografía de la lengua castellana”, nos cuenta Lola Pons Rodríguez, profesora titular de Lengua Española de la Universidad de Sevilla y autora de “Una lengua muy larga, un libro delicioso que contiene cien historias curiosas sobre el español y donde no falta un capítulo dedicado al dígrafo “ph”.

Fue en esa segunda edición de la “Ortografía de la lengua castellana”, concretamente en su página 63, donde se le asestó la primera puñalada a la grafía “ph”.

“La Ph que tienen algunas voces tomadas del Hebreo, ó del Griego, se debe omitir en Castellano, sustituyéndose en su lugar la F que tiene la misma pronunciación, y es una de las letras propias de nuestra Lengua, á excepción de algunos nombres propios, ó facultativos, en que hay uso común y constante de escribirlos con la Ph de su origen, como Pharaon, Joseph, Pharmacopea”, sentenciaba textualmente la Academia.

Palabras antiguas

La defunción definitiva y final del dígrafo “ph” tuvo lugar 49 años después, en 1804, cuando en la cuarta edición del Diccionario de la Real Academia Española (RAE) se optó por asesinarlo completamente y que fuera sustituido en todos los casos por la letra ‘f’.

Según se justificaba entonces la Real Academia de la lengua Española, el dígrafo ph “se expresa igualmente con la f, por cuyo motivo se han colocado en esta última letra las palabras phalange, phalangio, pharmecútico, pharmacia, phármaco, pharmacopea, pharmacópola, pharmacopólico, pharse y philancia”.

La decisión que tomó a principios del siglo XIX la RAE fue coherente con otras eliminaciones. Otras grafías dobles como ‘th’, que se empleaba en palabras como teatro, o ‘rh’, que se usaba por ejemplo en al vocablo rheuma, ya habían sido eliminadas a finales del siglo XVIII. Fue el criterio fonético lo que guió esas reformas académicas”, finaliza Lola Pons Rodríguez.

¿Lo sabría Raphael cuando decidió rebautizarse con ese nombre que incluye un dígrafo que no se emplea en la lengua española desde hace 213 años? Eso aún sigue siendo un misterio…

Tomado de BBC Mundo

Sobre la exclusión de los signos "ch" y "ll" del abecedario español

Dígrafo. [Del griego δίς (transliterado como dís: doble) y γράφω (grafō, gráphō): escribir] es un grupo de dos letras que representan un solo sonido, o uno doble pero africado. Algunos de estos dígrafos corresponden a sonidos no representados por una sola letra en el idioma correspondiente. En español se emplean cinco dígrafos para representar diversos fonemas: ch, ll, rr, gu y qu. 

DígrafosConsiderando esto, la Academia de la Lengua Española, después de estudios profundos, excluyó definitivamente los signos ch y ll del abecedario, porque en realidad no son letras, sino dígrafos. Los dígrafos son la conjunción de dos letras o grafemas que representan un solo fonema, como indicado antes. De esta forma, el abededario del español quedó reducidos a veintisiete letras: a, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z.

Esto no singnifica que el idioma esté siendo perjudicado. Al contrario, el idioma español se perfecciona y se actualiza de tal forma que los beneficios son evidentes, facilitando también el trabajo de aprendizaje de nuestro idioma por parte de personas extranjeras que quieren conocer mejor el español o castellano.

Como indica la Academia: «El español se asimila con ello al resto de las lenguas de escritura alfabética, en las que solo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque en todas ellas existen combinaciones de grafemas para representar algunos de sus fonemas». Igualmente, la eliminación de los dígrafos ch y ll del inventario de letras del abecedario no significa su abolición del sistema gráfico español. Al contario, estos signos duplos continuarán siendo usados como ha sido durante todo ese tiempo: «el dígrafo ch en representación del fonema /ch/ (chico [chíko]) y el dígrafo ll en representación del fonema /ll/ o, para hablantes yeístas, del fonema /y/ (calle [kálle, káye])», dice la Academia.

Estos dígrafos, dentro de la estructura del diccionario, por ejemplo, son agrupados en sus respectivos lugares, tal como siempre ha sido. Así que los efectos negativos de este cambio son relativamente insignificantes, si acaso existe.

La decisión de excluir los signos ch y ll del abecedario fue adoptada en el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, celebrado en 1994 y es válido desde entonces.

Ref. RAE: Exclusión de ch y ll del abecedario (http://www.rae.es/consultas/exclusion-de-ch-y-ll-del-abecedario)
Nota:

Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Ortografía de la lengua española (2010), tapa rústica, primera edición impresa en México, Editorial Planeta Mexicana, S. A. de C. V., bajo el sello editorial ESPASA M.R., México D.F., marzo de 2011, páginas 64 y 65, dice:

Letras y dígrafos: el estatus de ch y ll

Como ya se ha explicado (v. § 5.2), solo son propiamente letras los grafemas, esto es, los signos gráficos simples. Por esta razón, no deben formar parte del abecedario las secuencias de grafemas que se emplean para representar ciertos fonemas.
En español, además de las veintisiete letras arriba indicadas, existen cinco dígrafos o combinaciones de dos letras, que se emplean para representar gráficamente los siguientes fonemas:
a) El dígrafo ch representa el fonema /ch/: chapa, abochornar.
b) El dígrafo ll representa el fonema /ll/ (o el fonema /y/ en hablantes yeístas): lluvia, rollo.
c) El dígrafo gu representa el fonema /g/ ante e, i: pliegue, guiño.
d) El dígrafo qu representa el fonema /k/ ante e, i: queso, esquina.
e) El dígrafo rr representa el fonema /rr/ en posición intervocálica: arroz, tierra.
Desde la segunda edición de la ortografía académica, publicada en 1754, venían considerándose letras del abecedario español los dígrafos ch y ll (con los nombres respectivos de che y elle), seguramente porque cada uno de ellos se usaba para representar de forma exclusiva y unívoca un fonema del español (antes que la extensión del yeísmo alcanzara los niveles actuales y diera lugar a que hoy el dígrafo ll represente dos fonemas distintos, según que el hablante sea o no yeísta). Es cierto que se diferenciaban en esto de los demás dígrafos, que nunca han representado en exclusiva sus respectivos fonemas: el fonema /g/ lo representa también la letra g ante a, o, u (gato, goma, gula); el fonema /k/ se escribe además con c ante a, o, u y con k (cama, cola, cuento, kilo, Irak); y el fonema /rr/ se representa con r en posición inicial de palabra o detrás de consonante con la que no forma sílaba (rama, alrededor, enredo).
Sin embargo, este argumento no es válido desde la moderna consideración de las letras o grafemas como las unidades mínimas distintivas del sistema gráfico, con independencia de que representen o no por sí solas una unidad del sistema fonológico. Por lo tanto, a partir de este momento, los dígrafos ch y ll dejan de ser considerados letras del abecedario español, lo cual no significa, naturalmente, que desaparezcan de su sistema gráfico; es decir, estas combinaciones seguirán utilizándose como hasta ahora en la escritura de las palabras españolas. El cambio consiste, simplemente, en reducir el alfabeto a sus componentes básicos, ya que los dígrafos no son sino combinaciones de dos letras, ya incluidas de manera individual en el inventario. Con ello, el español se asimila al resto de las lenguas de escritura alfabética, en las que solo se consideran letras del abecedario los signos simples, aunque en todas ellas existen combinaciones de grafemas para representar algunos de sus fonemas.

Dígrafos en otros idiomas

albanês: dh, gj, ll, nj, rr, sh, th, xh, zh.

alemán: ie, ei, eu, äu, ch, ck, ph, th (trígrafo sch; los cuadrígrafos tsch e dsch)

bieloruso (alfabeto Łacinka): dz, dź, dž.

catalán: ll, ny, l•l, rr, ss, dz, tz, ig, ix, gu, qu, nc.

checo: ch.

eslovenio: ch, dz, dž.

español: ch, ll, rr, qu, gu.

flamengo: ae, ch, dj, ea, jh, oe, oi, sh, xh (los trígrafos oen, sch, tch).

francés: gn, ll, eu, ai, ou, qu, gu, ch, en, au, em, ie, th (los trígrafos eau, aux; el cuadrígrafo eaux).

galés: ch, dd, ff, ng, ll, ph, rh, th.

húngaro: cs, dz, gy, ly, ny, sz, ty, zs (el trígrafo dzs).

inglés: ch, gh, th, sh, rh, ph, wh, ow, ea, ee, oo, qu, gu, ck, kn, dg, si , ss, ti (los trígrafos tch y ssi).

italiano: ch, gh, gn, sc, ci, gi (los trígrafos sci y gli).

lituano: ch, dz, dž, ie, uo.

maltés: għ.

polaco: ch, cz, dż, dź, sz, rz.

El abecedario de la lengua española

El abecedario del español está hoy formado por veintisiete letras, que se recomienda denominar como escribimos entre paréntesis: a, A (a), b, B (be), c, C (ce), d, D (de), e, E (e), f, F (efe), g, G (ge), h, H (hache), i, I (i), j, J (jota), k, K (ka), l, L (ele), m, M (eme), n, N (ene), ñ, Ñ (eñe), o, O (o), p, P (pe), q, Q (cu), r, R (erre), s, S (ese), t, T (te), u, U (u), v, V (uve), w, W (uve doble), x, X (equis), y, Y (ye), z, Z (zeta) (OLE, 2010, p. 63).

Abecedario del Idioma Español

Además de estas veintisiete letras (cinco vocales y veintidós consonantes), existen cinco dígrafos o combinaciones de dos letras: ch (chapa), ll (lluvia), gu (guiño), qu (queso), rr (denominada doble erre: arroz). Desde 1754 hasta 2010 los dígrafos ch y ll se consideraron letras del abecedario español, aunque desde 1994 habían pasado a ordenarse en los diccionarios no como letras independientes, sino dentro de c y l, respectivamente (chicha después de cetro, pero antes que cianuro; pulla entre pulir y pulmón).

NOVEDAD: Las letras ya no son 29 sino 27. Hay libertad para seguir denominándolas como antes (ye o i griega; uve o be corta o be chica, pero no se llama *ere a la vibrante simple, sino erre.

Nota: En la imagen dejamos las 29 letras a modo de ilustración (ch y ll son considerados dígrafos).

https://www.youtube.com/watch?v=ZHpkT4KUlyc

Reglas de la letra "w"

Letra W

La letra w recibe varios nombres: uve doble, ve doble, doble uve, doble ve y doble u (este último es una copia del inglés double u). Debe darse preferencia a la denominación uve doble o doble uve por ser uve el nombre común recomendado para la letra y por ser más natural en español la colocación pospuesta de los adjetivos.

La puede representar dos fonemas diferentes: el labial sonoro, común en palabras como wagnerismo y el fonema que corresponde a en palabras como washingtoniano. La letra se emplea en el caso de palabras de origen germánico. Veamos los siguientes ejemplos: 

  1. Determinados nombres propios de origen visigodo: Wanda, Witiza.
  2. Algunos derivados de nombres propios de origen alemán: wagneriano, weimarés.
  3. Algunas palabras de origen inglés: wattwashingtoniano, whisky.

Como podemos ver, en los dos primeros casos, la llega a representar el fonema labial sonoro. Por otro lado, en las palabras cuyo origen es el inglés, la pronunciación corresponde a la de u. En el caso de aquellas palabras que fueron incorporadas al idioma español, la grafía es reemplazada por simple: vagón, vals, vatio; o por b, como acontece con la palabra bismuto. 

El idioma español actual cuenta con 27 letras, todas ellas con pronuncia femenina (ejemplo: la a, la b, la c…). Antes, el número de letras del alfabeto llegaba a 29, porque los dígrafos ch y ll eran reconocidas como letras únicas (más por cuestiones fonéticas que por otra cosa), pero ese entendimiento fue actualizado. Es decir, los dígrafos mencionados fueron retirados de la lista oficial de letras del alfabeto.

Por otro lado, la y, que antes era conocida como «i griega» (por causa de la influencia de la cultura griega), ahora es denominada «ye». Consecuentemente, la letra i, que antes se llamaba «i latina» (en honor al idioma de los romanos, el latín), ahora se llama simplemente de i. Estos ajustes en los entendimientos llevaron a que la letra b (conocida popularmente como «be alta» o «be larga», sea denominada de «be» y la v (conocida normalmente de «ve baja» o «ve corta») ahora es la «v = uve».

El Diccionario panhispánico de dudas indica:

w. 1. Vigesimosexta letra del abecedario español y vigesimotercera del orden latino internacional. Su nombre es femenino: la uve doble. En América existen otras denominaciones, como ve doble, doble ve y, en México y algunos países de Centroamérica, doble u, por calco del nombre inglés de esta letra (double u). Su plural es, según los casos, uves dobles, ves dobles, dobles ves o dobles úes. Puesto que el nombre recomendado para la letra v es uve, la denominación más recomendable para la letra w es uve doble.

2. Aparece en palabras de origen germánico, principalmente inglesas y alemanas, y en transcripciones al alfabeto latino de palabras procedentes de lenguas orientales. Representa dos sonidos diferentes, según los casos:

a) el sonido bilabial sonoro /b/ ( b). La w se pronuncia como /b/ en determinados nombres propios de origen visigodo: Wamba [bámba], Witiza [bitísa, bitíza]; y en voces de origen alemán o derivadas de nombres propios alemanes: wolframio [bolfrámio], wagneriano [bagneriáno], weimarés [beimarés]. En los nombres propios alemanes puede pronunciarse, como en alemán, con sonido labiodental fricativo, pero lo normal es hacerlo con el sonido bilabial /b/, ya que el sonido labiodental no existe en español: Wagner [bágner o vágner], Weimar [béimar o véimar].

b) el sonido /u/ ( u1). La w se pronuncia como /u/ —o como /gu/, cuando forma diptongo con la vocal siguiente ( u12)— en la mayoría de las palabras de origen inglés que conservan esta letra: waterpolo [guaterpólo], hawaiano [jaguaiáno, haguaiáno], newton [niúton], así como en las transcripciones de voces orientales, muchas de ellas incorporadas al español a través del inglés: Taiwán [taiguán].

3. En muchas palabras incorporadas desde hace tiempo al español, la w etimológica ha sido reemplazada por v: vagón, vals, vatio; en otras, alternan las dos grafías, como en wolframio/volframio, o existen dos variantes, una más próxima a la palabra de origen y otra adaptada, como wellingtonia/velintonia.

Sobre la evolución del fonema «w»

  • El fonema /w/ del latín se transformó en /v/ en las lenguas romances; por esta razón la V dejó de ser apropiada para representar el sonido /w/ de las lenguas germánicas.
  • En neerlandés, W es una aproximante labiodental (salvo las palabras que contienen el diptongo eeuw, que se pronuncia /eːw/), o cualquier otro diptongo que contenga –uw).
  • En alemán, al igual que sucedió en las lenguas romances, el fonema /w/ terminó siendo /v/ (esta es la razón por la cual la W alemana representa tal sonido).
  • En algunas lenguas eslavas que utilizan el alfabeto latino, la letra W tiene el fonema /v/, como en Wojtyła, apellido polaco del Papa Juan Pablo II.

Fuente: Diccionario panhispánico de dudas © 2005
Real Academia Española © Todos los derechos reservados – 
http://lema.rae.es

Vea también: Esa linda letra «W» Evolución de la Letra W

Siga este link para ver otras reglas: https://cse.google.com/cse?cx=005053095451413799011:alg8dd3pluq&q=w