Diccionario de la lengua española

El Diccionario de la lengua española es la obra lexicográfica académica por excelencia.

El repertorio empieza en 1780, con la aparición —en un solo tomo para facilitar su consulta— de una nueva versión, ya sin citas de autores, del primer diccionario de la institución, el llamado Diccionario de autoridades (1726-1739). El de 1780 fue, por tanto, el precedente de la serie de diccionarios usuales que llega hasta hoy.

Desde entonces, se han publicado veintitrés ediciones de la obra, convertida, a través del tiempo, en el diccionario de referencia y consulta del español. La más reciente, la 23.ª, salió de imprenta en octubre de 2014.

El Diccionario de la lengua española es el resultado de la colaboración de todas las academias, cuyo propósito es recoger el léxico general utilizado en España y en los países hispánicos. Se dirige, fundamentalmente, a hablantes cuya lengua materna es el español, quienes encontrarán en él recursos suficientes para descifrar textos escritos y orales.

Diccionario de la lengua española

Tomado de: Real Academia Española © Todos los derechos reservados (https://dle.rae.es/)

Otras referencias para estudio

  1. “El nuevo diccionario de la lengua española: una obra en construcción, de la Real Academia Española (RAE)”: Puedes encontrar información relevante en la Actualización 2023 del Diccionario de la lengua española y en la Edición del Tricentenario del Diccionario de la lengua española12.
  2. “El nuevo diccionario de la lengua española: novedades y cambios, de la RAE”: Te recomiendo el artículo Las nuevas palabras que entran en el ‘Diccionario de la lengua española y La RAE presenta las novedades del «Diccionario de la lengua española.
  3. “El nuevo diccionario de la lengua española: una herramienta para la comunicación global, de la RAE”: Puedes consultar la Edición del Tricentenario del Diccionario de la lengua española y el artículo Las nuevas palabras que incluye el Diccionario de la lengua española en 2021.
  4. “El nuevo diccionario de la lengua española: un reto para la academia, de Francisco Javier Pérez-Guerra, miembro de la RAE”: Te sugiero la Actualización 2023 del Diccionario de la lengua española y la Edición del Tricentenario del Diccionario de la lengua española.
  5. “El nuevo diccionario de la lengua española: una visión crítica, de José Luis Ramírez Luengo, profesor de lingüística de la Universidad de Sevilla”: Te recomiendo el artículo El Diccionario de la lengua española (2014): análisis del nuevo discurso lexicográfico de la RAE y Las nuevas palabras que incluye el Diccionario de la lengua española en 2021.
  6. “Cómo se hace el nuevo diccionario de la lengua española, de la RAE”: Puedes consultar Cómo se hace el «Diccionario de la lengua española».
  7. “El nuevo diccionario de la lengua española: un análisis lexicográfico, de Francisco Javier Pérez-Guerra, miembro de la RAE”: Te propongo el artículo El Diccionario de la lengua española (2014): análisis del nuevo discurso lexicográfico de la RAE.
  8. “El nuevo diccionario de la lengua española: una perspectiva sociolingüística, de José Luis Ramírez Luengo, profesor de lingüística de la Universidad de Sevilla”: Te recomiendo el artículo El Diccionario de la lengua española (2014): análisis del nuevo discurso lexicográfico de la RAE y Las nuevas palabras que incluye el Diccionario de la lengua española en 2021.

El diccionario de la lengua española y la mujer

Can Fashion Be Feminist? | InStyle

Foto: https://graziamagazine.com

Haga usted un experimento: busque una palabra no solamente en un diccionario, sino en muchos distintos. Lo que hallará lo sorprenderá.

Yo mismo lo hice hace poco. Le seguí la pista a la palabra mujer, que — no hace falta decir — está sobrecargada de significado. Desarrollé este experimento en orden regresivo, del diccionario más usado en la actualidad al más polvoriento.

Primero fui al Diccionario de la lengua española, que es algo así como un instrumento evangelizador en el mundo hispánico. La edición a la que acudí es de 2001. Dice, entre otras cosas, que mujer es una “persona del sexo femenino”.

Hoy esta definición parecerá sensata a la mayor parte de los usuarios. Se ajusta más o menos a los lineamientos culturales de nuestra sociedad. Pero hay quien se siente incómodo y tengo prueba de ello. Hace unos días se la mostré a un grupo de estudiantes de entre 18 a 22 años. Casi todos estaban inconformes.

Propusieron una definición alternativa: “Persona que por sí misma se identifica con el sexo femenino”. Argumentaron que en el presente entendemos la sexualidad como un atributo biológico y también como una dimensión cultural. Uno no nace mujer sino que se hace o elige serlo. Es decir, el sexo es una construcción social. Las personas transgéneros optan por pertenecer a un sexo u otro.

Esa actitud es muestra de cómo los diccionarios están atrapados irremediablemente en su época. En sus páginas cabe toda la lengua. Vamos a ellos en busca de exactitud. Pero la exactitud de ahora es la inexactitud de mañana. Las expresiones que nos ofrecen son de quienes las hacen y, como anunciaba José Ortega y Gasset, cada uno de nosotros es en sí mismo y en su circunstancia. No es improbable que en la próxima edición del DLE se introduzcan cambios, no importa cuán sutiles sean.

Mi aventura me llevó a otros diccionarios. El Breve diccionario crítico etimológico del español (edición revisada de 1991), de Joan Corominas, dice que mujer viene del latín mulier y da estos derivados: mujercilla, mujerzuela, mujeriego, mujerío, mujerona y mujeruca. La lista da miedo.

María Moliner, una de mis heroínas (por cierto, esta palabra está en vías de extinción) que hasta donde entiendo es la única mujer que por cuenta propia se ha encargado de compilar un diccionario entero (salió en 1962) en castellano, y cuyo interés estaba en los usos que hacemos de las palabras, dice, otra vez entre otras cosas, que ¡Mujer! (Moliner envuelve la palabra entre signos de puntuación) es un “vocativo empleado en exclamaciones en lenguaje familiar, dirigiéndose a niñas o mujeres a las que no se les trata con respeto”. Da varios ejemplos, entre ellos: “¡Mujer… qué cosas dices (ve con más cuidado, … no digas esas cosas, … no quería decir eso, …  Acompáñame a casa)!”.

Moliner empezó a recopilar palabras en la segunda mitad de los cuarenta, un par de décadas antes de la así llamada “segunda ola feminista”. Ya para entonces ella compartía algunos de los manifiestos de esa ola. Su amigo Dámaso Alonso la impulsó a convertir su pasión en un libro que fuera útil a los demás. Ella silenciosamente insertó en sus definiciones un rechazo a las normas aceptadas de su contexto. Lo hizo sin propuestas aparatosas. Así, poco a poco y desde la sombra, es como trabajan los lexicógrafos. Su impacto es enorme porque establece los parámetros del conocimiento.

Hoy el de Moliner se conoce como Diccionario de uso del español. La edición que tengo en mi biblioteca personal ofrece una lista de variantes del empleo de la palabra mujer. Por ejemplo, “mujer de la calle”, “mujer pública”, “mujer fatal”, “mujer objeto” y “de mujer a mujer”. Estas variantes dan muestra de la dosis de subjetividad que inyectamos en la palabra. Reconocer su veracidad es comprobar que hay pocas palabras neutrales.

Seguí luego en mi búsqueda con el Diccionario de autoridades, que fue hecho entre 1726 y 1739. Este lexicón sirvió de base en la redacción del Diccionario de la Lengua Española. El de Autoridades anuncia que muger (hasta el siglo XIX la palabra se escribía con g) “se entiende regularmente a la que está casada con relación al marido”.

Dice que muger de la casa es “la que tiene gobierno y disposición para mandar y ejecutar las cosas que le pertenecen y cuida de su hacienda y familia con mucha exactitud y diligencia”. El mensaje es inconfundible: la mujer es esposa y regente doméstica.

De allí, lo que encontré fue, como decía Cantinflas, “de mal en pior”. El primer diccionario importante en nuestra lengua es el Tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias, que fue auspiciado por el Santo Oficio de la Inquisición y apareció en 1611. Esta es una fecha relevante porque está entre la aparición de la primera y la segunda parte del Quijote, la obra cumbre de la hispanidad renacentista.

Allí hallé un párrafo largo y laberíntico que no alcanza a compactarse. Entre otras cosas — y aunque usted no lo crea — dice que muger es “tormento de la casa, naufragio del hombre, embarazo del sosiego, cautiverio de la vida, daño continuo, disfrazado veneno y mal necesario”.

Más que una definición, la de Covarrubias es un exabrupto misógino. Claro que en su época la actitud general ante las mujeres era la de verlas y tratarlas como seres inferiores. Hacia 1680, unos setenta años después, sor Juana Inés de La Cruz, la monja poeta, escribía en México sobre los “hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”.

Mi experimento fue a la vez asombroso y revelador. Los diccionarios son depósitos de la memoria colectiva. Un recorrido a través de ellos es un viaje en el tiempo. Sirve para percatarse de que las palabras que usamos a diario son más que meros vocablos. Guardan secretos históricos. Este ir y venir me hizo pensar en la “Oda al diccionario” de Pablo Neruda, acaso uno de los poemas más hermosos que conozco:

Diccionario, no eres tumba, sepulcro, féretro, túmulo, mausoleo, sino preservación, fuego escondido, plantación de rubíes, perpetuidad viviente de la esencia, granero del idioma.

Tomado de: 

Nuevo diccionario de la lengua española será llamado de DILE

Darío Villanueva, nuevo Director de la RAE

Darío Villanueva, director de la Real Academia de la Lengua Española informó: “El DRAE pasará a ser el DILE, Diccionario de la Lengua Española”. Según Villanueva, esto significa más que remodelarlo, es ‘refundarlo’.

Esa refundación constituye el mejor homenaje que hoy podemos hacer a los fundadores, que produjeron el mejor diccionario de una lengua europea en el siglo XVIII, conocido como Diccionario de Autoridades, del que procede directamente la 23ª edición.

Se trata, en definitiva, de elaborar un diccionario de planta y realización digital, pensado ya desde la perspectiva de los usuarios más jóvenes, los llamado “nativos digitales”. Un diccionario que ya no será un libro que se pone en la red para su consulta, como ocurre ahora, sino un diccionario en línea del que se harán varias ediciones en libro, sin duda.

En otro orden de ideas, será un verdadero diccionario panhispánico. Dejará de ser identificado con las siglas DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) y pasará a ser genuinamente el DILE (Diccionario de la Lengua Española, la lengua general de 500 millones de hispanohablantes).

Ref.: http://www.cuartopoder.es/otromilagro/dario-villanueva-el-drae-pasara-ser-el-dile-diccionario-de-la-lengua-espanola/6930

Actualizando nuestro diccionario

Con la aparición del nuevo diccionario de la lengua española, recibieron luz verde varias palabras de origen inglesa, que hacen referencia, principalmente, al ámbito de las nuevas tecnologías.

Nuevas Palabras del Diccionario RAE

Ya podemos usar, sin que tengamos problema de conciencia, palabras como ‘wifi’ o ‘wi fi’ (junto o separado). Pero, espera ahí, con pronunciación de i latina. Qué raro, ¿no? Llegan también a nuestra lengua ‘tunear’, ‘bíper’, ‘serendipia’, y ‘externalizar’.

Nuevos términos se aplican a la realidad actual. Allí tenemos otras: ‘mileurista’, ‘hipervínculo’ e ‘intranet’. Hacía un tiempo que se usaban, y con frecuencia. Pero, una cosa es que la gente la pronuncie y otra que se reconozca su existencia por medio de un diccionario.

América no se quedó para atrás con sus ideas. También enriqueció el léxico con vocablos como ‘aglomeramiento’, ‘amague’, ‘amigovio’, ‘basurita’ (mugre, sobre todo en el ojo), ‘bicicletería’. Y Pensar que América concentra cerca del 90% de la población que habla español o castellano.

Ya que tenemos ‘wifi’, aprovechemos para ‘externalizar’ nuestras emociones, mientras preparamos algún ‘aglomeramiento’ de palabras. Cuidemos, entonces, que la ‘basurita’ no afecte nuestro pensamiento ni nuestra habla sobre María y Antonio que, con toda seguridad, deben ser ‘amigovios’. Por lo menos fue así que me enteré por medio de un ‘bíper’ que me llegó. Esperamos que nadie se ‘amague’ por lo que decimos.

Cómo se prepara el Diccionario de la Lengua Española

La Academia de la Lengua Española se fundamenta en la siguiente frase a la hora de preparar y editar un nuevo diccionario: «Limpia, fija y da esplendor». Este lema tiene unos 300 años. Inspirándose en ese principio, la RAE trabaja arduamente para estudiar, analizar y llegar a una versión final que defina una nueva palabra, lo que incluye ver los diferentes ángulos lingüísticos y teóricos.

Así tenemos que el nuevo Diccionario de la lengua española, dirigido por Pedro Álvarez de Miranda, incorpora ahora 5000 palabras, en comparación con su edición anterior de 2001 (entre ellas están «spa», «bretel», «bótox» y argentinismos como «fernet», «cacerolazo» y «carenciado»). De esta forma se llegó a un acervo de 93.111 voces. Además, aparecen 195.439 acepciones. Por ejemplo, la palabra «tableta» ahora tiene una definición específica relacionada con el área tecnológica, siendo reconocida como un dispositivo electrónico, que es diferente de aquella a la cual estamos acostumbrados. Tal vez esta nueva definición deje para atrás la anterior. En el nuevo diccionario son incorporados 18.712 americanismos.

¿Cómo aparece, entonces, una nueva palabra en el Diccionario de la Lengua Española? Bien, el camino recorrido por una nueva palabra, «el camino de las piedras», como dicen por allí, va desde la boca de un hablante hasta una página del diccionario, y es un trayecto plagado de análisis, discusiones, estudios científicos y estadísticos. Nada fácil para la palabra.

La primera fase comienza cuando una voz llama la atención de un lexicógrafo, cuando observa un término inventado por el pueblo que designa un fenómeno u objeto que sea de aceptación generalizada. Fue de esta forma que se incorporaron anglicismos como chat y blog a la lengua española y, consecuentemente, al nuevo diccionario. También fueron aceptadas siglas, como SMS y sustantivos, como pilates. Esto demuestra que la frecuencia estadística es de vital importancia para la supervivencia y aceptación de una nueva palabra.

El Centro de Estudios de la RAE está ubicado en Madrid, a unos cuantos metros del estadio Santiago Bernabéu. En este local, los filólogos someten las palabras a todo tipo de pruebas. Pobre palabra que pasa por aquí. Debe ser un sufrimiento y tanto para ella. Los filólogos se valen de los corpus, que no son más que gigantes archivos donde se busca cómo y en qué contexto aparece una palabra. De esta forma, ellos verifican la definición más aproximada de una voz y todas sus acepciones. La estadística lingüística es importante, como fue hablado anteriormente, ya que el uso le da peso y valor a una palabra. Los lexicógrafos son especialistas de diferentes ámbitos del conocimiento humanístico: ciencia, arte, tecnología, etc.

Después de cumplir con una serie de pasos, viene el turno del personal que está en el edificio de la RAE, donde se evalúa y escrutan minuciosamente las palabras y se buscan los argumentos que favorezcan la incorporación de una palabra al diccionario. En este edificio de la RAE, que se encuentra a unos pasos del Museo del Prado, los grandes académicos discuten, a cada jueves, las palabras, incluyendo aquellas nuevas que se presentan como candidatas novatas, reclamando su derecho de formar parte de la familia de las letras.

La Comisión Delegada del Pleno (CDP) es la que da el veredicto final sobre la incorporación de una palabra (o propone por lo menos una definición específica y los ajustes pertinentes). Aquí es donde la casa pega fuego. Así comienzan las grandes discusiones, los debates intelectuales rellenos de discursos a favor y contra. Y, como en esta vida no existe una definición perfecta, será necesario realizar un gran esfuerzo intelectual para aproximarse de la realidad social y global, porque una definición puede aplicar en una región, pero no necesariamente a otra.

Cómo se hace el DRAE

Publicación de nueva palabra en el Diccionario de la RAE

Ref. Recomendamos la lectura de los siguientes artículos que tratan este tema tan importante.

¿Es sexista el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española - DRAE

¿Es sexista el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española - RAE

La polémica vuelve a salpicar a la Real Academia de la Lengua tras publicarse en diferentes medios que la reconocida institución recoge los adjetivos ‘débil’ y ‘endeble’ en la acepción de «femenino», y los de ‘varonil’ y ‘enérgico’ en la de «masculino». En la próxima edición del Diccionario, la del 2014, que sustituirá a la vigente actualmente, ambas acepciones ya han sido modificadas por la RAE.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua (DRAE), «periquear» se utiliza cuando «una mujer disfruta de excesiva libertad» y un «huérfano» es «una persona de menor edad a quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre». Es posible que a estas alturas ya estés tirándote de los pelos, pero hay más. Según el Diccionario, una de las acepciones de «femenino» es ‘débil, endeble’ y de «masculino», ‘varonil, enérgico’.

Sin embargo, muchos y muchas se llevaron las manos a la cabeza cuando los medios publicaban las acepciones de «masculino» y «femenino». No es para menos. Pero la cuestión es si obedece a un sesgo ideológico machista por parte de quienes elaboran el Diccionario o se trata de una institución anacrónica que mantiene acepciones que no corresponden a la época actual.

El primer diccionario que publica la Academia es el llamado de autoridades, entre 1726 y 1739. El actual está en parte contaminado por prejuicios y adherencias de aquel. «El DRAE sigue siendo el tataranieto del Diccionario de autoridades. Uno de sus problemas no es lo que le falta, sino lo que le sobra», aseguraba el académico de la RAE Pedro Álvarez de Miranda en una entrevista.

Es la opinión que también defiende Jesucristo Riquelme, doctor en Filología Hispánica y académico de honor en la Academia Internacional de Ciencias, Tecnología, Educación y Humanidades (AICTEH). «El DRAE, en su última edición, todavía hereda múltiples facetas obsoletas de la vida. Que recoja términos antiguos, o insista en ellos, no favorece el avance en la comunicación. ¿Qué adelantamos ahora con incluir «crocodilo» o «murciégalo», a pesar de que su origen fuera este?», argumenta Riquelme. El lingüista califica el lema de la RAE de «anacrónico». Reconoce: «La lengua sigue afortunadamente viva».

«Hombre» y «mujer»

Pero, ¿por qué entonces la Academia mantiene todavía acepciones como las de «femenino» o «masculino»? «Probablemente el motivo, no confeso, consiste en que la sociedad así lo usa, y que este uso es mayoritario en ambos sexos», sostiene el académico de la AICTEH.

Eulàlia Lledó, doctora en Filología Románica, apunta que «a los académicos esta manera de definir les gusta. Encuentran estas acepciones adecuadas, acertadas». La RAE se defiende: «Se ve que no es así porque ya han sido modificadas».

Fuente: Noemí López Trujillo (Adaptado. Leer más gonzoo.com)

Audio

La crisis española y el patrimonio idiomático

La crisis española y el patrimonio idiomáticoA continuación, publicamos un artículo crítico de la página web el castellano.org (http://www.elcastellano.org/ns/edicion/2013/mayo/drae23.html) que habla sobre la crisis económica de españa y la visión española sobre el idioma como patrimonio local.

Las dificultades por las que atraviesa actualmente España afectan también al español, por lo menos al estándar creado en Madrid por la Real Academia Española y sus subsidiarias agrupadas en la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale). En efecto, conviene al Estado español –que enfrenta apremiantes demandas sociales– que el diccionario excluya de sus definiciones las «deficiencias e injusticias de la economía de mercado», reconocidas en la vigésima segunda edición (2001):

estado de bienestar 1. m. Sistema social de organización en el que se procura compensar las deficiencias e injusticias de la economía de mercado con redistribuciones de renta y prestaciones sociales otorgadas a los menos favorecidos (subrayado mío).

En la 23.a edición, prevista para 2014, se excluye la mención a «las deficiencias e injusticias de la economía de mercado», que podría alentar a quienes buscan una justa compensación por el castigo que les imponen precisamente, esas «deficiencias» y esas «injusticias» que solo afectan a una parte de la sociedad.

En efecto, la definición de estado de bienestar prevista para la vigésima tercera edición ha cambiado de la siguiente forma:

estado de bienestar 1. m. Organización del Estado en la que este tiende a procurar una mejor redistribución de la renta y mayores prestaciones sociales para los más desfavorecidos.

Se pone así de manifiesto una vez más que el llamado «español panhispánico» es en realidad una lengua inexistente, no hablada en ninguna parte, creada en busca del mantenimiento del control de la lengua por parte de Madrid, de acuerdo con las conveniencias del reino de España. En cuanto a la participación de Asale en esta supuesta variedad del español, no es, en mi opinión, más que una tapadera para que se mantenga el control que la RAE ejerce desde hace trescientos años sobre la lengua y cuyas riendas no quiere soltar.

Si para muestra basta un botón, vale recordar que el titular del dominio web asale.org está registrado bajo el nombre Real Academia de la Lengua y que el DNS (domain name server) se hospeda en Madrid, en dos servidores de llamados crea.rae.es y ns4.rae.es. Dado el hecho de que cualquier individuo o entidad puede registrar un dominio en la web, cabe preguntarse por qué la Asale, si es una entidad realmente existente y no un mero sello de la RAE, no puede registrar el suyo. Cabe preguntarse también por qué, si es una reunión de iguales, cada una de sus reuniones debe ser presidida por el rey de España.

Con esto queda claro que, si abrazamos la ideología panhispánica, los 430 millones de hablantes deberíamos ajustar nuestro idioma a las necesidades y conveniencias de un estado que, en materia de lengua, no renuncia al antiguo poder colonial y no acepta, más que discursivamente, situarse en pie de igualdad ante sus excolonias. Tendremos que sujetarnos a una Asale hecha de súbditos del monarca que preside cada una de sus reuniones y que avala sin chistar cada una de las decisiones de la casa dieciochesca.

http://www.elcastellano.org/ns/edicion/2013/mayo/drae23.html

Ortografía de la lengua española de la RAE - 2010

La Ortografía de la lengua española (muchas veces identificada por las siglas OLE) corresponde a la recopilación normativa de la ortografía de la lengua española. Fue editada y elaborada por la Real Academia Española (RAE). Su primera edición apareció en 1741, cuando se publicó con el título Orthographía española. Eran otros tiempos y la forma de escribir el idioma tenía sus características particulares, presa a una época específica del idioma.

A partir de 1999, la edición de la Ortografía cuenta con la ayuda de la Asociación de Academias de la Lengua Española. La edición más reciente es la del año 2010. La ortografía del español regula la escritura del idioma. La Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) explica que su misión consiste en «impulsar la unidad, integridad y desarrollo del idioma».

La Real Academia Española comenzó a estandarizar la ortografía del español bajo la orientación de Alfonso X de León y Castilla. El español utiliza una variante extendida del alfabeto latino, el cual consta de 27 letras: a, b, c, d, e, f, g, h, i, j, k, l, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y y z. Asimismo, se emplean cinco dígrafos para representar otros tantos fonemas: ch, ll, rr, gu y qu; considerados estos dos últimos como variantes posicionales para la representación de los fonemas /g/ y /k/.

El director de la Academia Mexicana de la Lengua, José G. Moreno de Alba, tuvo la honra de anunciar, el domingo 28 de noviembre de 2010, en Guadalajara (México), el acuerdo de las veintidós Academias de la lengua española sobre la nueva edición de la Ortografía, que se publicó en diciembre de 2010.