La neurología de la lectura y el reciclaje neuronal

La lectura es uno de los inventos más importantes e impresionantes de la humanidad y uno de los mayores privilegios del conocimiento humano.

La lectura era una habilidad ajena a la mayoría de la población hace cerca de 5.000 años; un arte reservado para unos pocos. A lo largo de los siglos, la sociedad comenzó a desarrollar esta capacidad de manera gradual. La evolución de la lectura no fue un fenómeno instantáneo, sino un proceso largo y deliberado, donde generaciones aprendieron a apreciar la escritura como una herramienta indispensable.

Con el tiempo, la alfabetización se consolidó, impulsada por la enseñanza sistemática en las escuelas, y sus aplicaciones se integraron en nuestra vida diaria. Así, la lectura se transformó de un lujo en manos de unos pocos a un derecho fundamental de la humanidad, ya que forma la base de nuestras interacciones sociales y del entendimiento del mundo, no solo como individuos, sino también como sociedad.

Algunos autores indican que, a diferencia del lenguaje hablado, que es instintivo (un niño aprende a hablar simplemente escuchando), la lectura no es natural. Nuestro cerebro no tiene un «centro de mando de la lectura genético», algo preestablecido que se activa al momento de nacer. Hasta donde sabemos, no venimos programados para leer automáticamente, aunque esta afirmación puede ser discutida filosóficamente. De ser así, un recién nacido debería comenzar a leer desde el momento del parto. Lógicamente, eso no ocurre.

Sin embargo, aunque un recién nacido no sabe leer ni calcular, debemos relativizar este concepto. Como observamos, el bebé instintivamente «calcula» y «lee» su entorno: reconoce a su madre, busca su caricia y, cuando siente hambre o necesidad emocional, llora hasta que ella lo complace. En ese acto, realiza una «lectura» de su protectora para satisfacer sus necesidades. ¿Acaso eso no es calcular? ¿Acaso eso no es hacer lectura?

Lo que sí sabemos es que nuestra mente tiene la capacidad innata de aprender a hablar y, consecuentemente, a leer, siempre y cuando se desarrollen las formas apropiadas que permitan conocer la lectura como tal. Pero esto aún es asunto de debate, porque, ¿cómo se explica que podemos aprender a leer? ¿Qué mecanismos existen en nuestra mente que permiten aprender a leer?

Entonces, ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo ocurre el aprendizaje? ¿Cómo aprendemos a leer? Según el neurocientífico Stanislas Dehaene, quien trata este tema, lo logramos mediante el «reciclaje neuronal»: nuestro cerebro invade y reutiliza áreas diseñadas originalmente para otras funciones (como reconocer rostros o formas geométricas) y las entrena para reconocer letras y palabras.

¿Los bebés tienen algún conocimiento abstracto de la aritmética cuando nacen? La pregunta parece ridícula. La intuición sugiere que los bebés son organismos vírgenes, que inicialmente no cuentan con ningún tipo de capacidad más allá de la habilidad para aprender. Sin embargo, si nuestra hipótesis de trabajo es correcta, el cerebro humano está dotado de un mecanismo innato para aprehender las cantidades numéricas, que fue heredado de nuestro pasado evolutivo y que guía la adquisición de la matemática. Para que pueda tener influencia sobre el aprendizaje de las palabras que nombran los números, este módulo protonumérico debería estar allí antes del período de crecimiento exuberante del lenguaje, que algunos psicólogos llaman la “explosión léxica”, que ocurre a la edad de un año y medio, aproximadamente. En el primer año de vida, entonces, los bebés ya deberían comprender algunas porciones de la aritmética. – Stanislas Dehaene, El cerebro matemático (2016).

Así, basándonos en esta hipótesis, sería algo como que una neurona que estaba desactivada es «reactivada» o «reciclada» en algún momento de nuestras vidas. Como dice Dehaene (2016), «[…] durante los años preescolares ocurre una gran revolución en el sistema mental de la aritmética». Eso quiere decir que, cuando sufrimos interferencia del ambiente externo (como en el caso de la escuela, donde aprendemos a leer y escribir), o del ambiente interno (como en el caso de nuestra familia o en nosotros mismos), nuestras mentes son estimuladas y direccionadas al aprendizaje de la lectura.

1. El circuito de la lectura: las zonas clave

Cuando miras un texto, se activa una red de alta velocidad en el hemisferio izquierdo del cerebro. Estas son las estaciones principales:

  • Corteza visual (lóbulo occipital): Es la entrada. Detecta los rasgos visuales básicos: líneas, curvas, espacios y contrastes. Aquí, las letras son solo formas sin significado.
  • La «caja de letras» del cerebro (área de la forma visual de la palabra — VWFA): Situada en el giro fusiforme izquierdo (detrás de la oreja izquierda). Esta es la zona clave del reciclaje. Originalmente servía para reconocer objetos y caras, pero en los lectores expertos se ha especializado en reconocer palabras escritas.
  • Área de Wernicke (lóbulo temporal): Es el centro del significado. Aquí es donde la palabra decodificada se conecta con su concepto semántico (ej: lees «gato» y tu cerebro activa la idea del animal felino).
  • Área de broca (lóbulo frontal): Se encarga de la articulación y la sintaxis. Nos permite pronunciar la palabra (incluso mentalmente) y analizar la gramática de la oración. Aquí tienes un artículo detallado sobre la neurología de la lectura, explicando cómo nuestro cerebro —que biológicamente no estaba diseñado para leer— realiza esta increíble hazaña y cómo esto se conecta con la fluidez y la comprensión.

2. Las dos vías de la lectura: el software

Una vez que la información visual entra, el cerebro tiene dos «carreteras» o rutas para procesarla. Comprender estas dos rutas es vital para entender la diferencia entre el «deletreo» y la «lectura fluida».

a. La ruta dorsal (fonológica) – «El camino lento»

Esta es la ruta que usamos cuando aprendemos a leer o cuando encontramos una palabra desconocida (ej: desoxirribonucleico).

  • Proceso: Descompone la palabra letra por letra y la traduce a sonido (grafema → fonema).
  • Costo: Es muy lenta y consume muchísima energía mental (recursos cognitivos).
  • Ubicación: Pasa por la parte superior del cerebro (lóbulo parietal).

b. La ruta ventral (léxica) – «El camino rápido»

Esta es la ruta del lector experto.

  • Proceso: El cerebro reconoce la palabra completa instantáneamente como si fuera una cara conocida, sin necesidad de «deletrearla». Va directo de la visión al significado.
  • Costo: Es extremadamente rápida y consume muy pocos recursos.
  • Ubicación: Pasa por la parte inferior (la «caja de letras» o VWFA).

3. Conexión con la teoría de los recursos cognitivos

Aquí es donde la neurología explica el problema del aprendizaje:

  1. El lector novato: Depende casi totalmente de la ruta dorsal. Su cerebro está saturado transformando letras en sonidos. Como esta ruta consume el 90% de su «ancho de banda», no le queda energía para activar el Área de Wernicke (significado) ni el lóbulo frontal (análisis crítico). Resultado: Lee pero no entiende.
  2. El lector experto: Ha entrenado su ruta ventral. El reconocimiento de palabras es automático (inconsciente). Esto deja toda su corteza frontal libre para pensar, evaluar y sentir el texto.

Resumiendo

La «neurología de la lectura» nos enseña que la fluidez no es un capricho estético, sino una necesidad biológica. Para llegar a la comprensión profunda (el objetivo final), debemos entrenar nuestro cerebro para abandonar el camino lento (deletreo) y transitar la autopista rápida (reconocimiento visual), liberando así a nuestra mente para que haga lo que mejor sabe hacer: pensar.

En su obra, El cerebro matemático, Stanislas Dehaene trata de responder preguntas inquietantes como: ¿De dónde vienen realmente los números y cómo llegan a nuestra mente? ¿Por qué algunas personas tienen facilidad para lidiar con los números mientras que a otras les cuesta dominarlos? ¿Cómo se explica que los ñiños de repente pasan de una comprensión intuitiva de las cantidade numéricas a un aprendizaje memorístico de la aritmética?

Referencias

FUNDACIÓN SM. El cerebro lector: aportaciones de las neurociencias. Eduforics, [s.d.]. Disponível em: https://oes.fundacion-sm.org/eduforics/educacion-inclusiva-y-de-calidad/neurociencias-y-aprendizajes-esenciales/el-cerebro-lector-aportaciones-de-las-neurociencias/. Acesso em: 18 mai. 2026.

DEHAENE, Stanislas. Los cuatro pilares del aprendizaje. Aprendemos Juntos 2030 (BBVA), [s.d.]. Disponível em: https://aprendemosjuntos.bbva.com/especial/los-cuatro-pilares-del-aprendizaje-stanislas-dehaene/. Acesso em: 18 mai. 2026.

DEHAENE, Stanislas. El cerebro matemático: Cómo nacen, viven y a veces mueren los números en nuestra
mente
. 1ª ed. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2016. Disponível em: https://www.academia.edu/45614423/El_cerebro_matem%C3%A1tico_Stanislas_Dehaene. Acesso em: 18 mai. 2026.

Foto de capa basada en: https://fedaes.org/cientificos-suizos-observan-primera-vez-nacimiento-neuronas/