Adverbios de tiempo

Tomado de: Lengua y Literatura Fácil (Adaptado)

Definición de adverbio de tiempo

Los adverbios de tiempo son palabras invariables que indican o se refieren al tiempo (ayer, hoy, antes, mañana...). Están estrechamente relacionados con las locuciones adverbiales temporales, que son las formadas por dos o más palabras, pero que funcionan sintáctica y semánticamente como una sola (pasado mañana, de tarde, por la noche, etc.). Aunque los adverbios son invariables, algunos admiten sufijos. Ocurre sobre todo en Hispanoamérica: ahorita, lueguito, enseguidita.

Clasificación

La Nueva gramática de la lengua española de la RAE y la ASALE reconocen los siguientes tipos de adverbios y locuciones temporales:


En el español de América se usa mucho el adverbio otrora, que equivale a ‘en otro tiempo’. Apenas se utiliza en el español peninsular. Los adverbios temporales siempre y nunca pueden ser de duración o de frecuencia. Son de duración, por ejemplo, cuando pueden hacer referencia a la totalidad de un periodo (Siempre vivió en Madrid); sin embargo, cuando siempre significa «cada vez» o «en cada ocasión» se asimila a los de frecuencia. Para algunos gramáticos, los adverbios de frecuencia vienen a constituir un tipo particular de los adverbios de tiempo.

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Departamento de Español al Día: «Recibimos unas 700 consultas al día»

De acuerdo con Salvador Gutiérrez, responsable del Departamento de Español al Día de la RAE: «Recibimos unas 700 consultas al día».

En entrevista de radio, en el programa «Julia en la Onda», Salvador Gutiérrez, quien responde por el Departamento de «Español al Día» de la RAE, explica cómo funciona diariamente el sistema de consultas al sector. Gutiérrez menciona que hay todo tipo de consultas de las personas, algunas más graciosas que otras. (Escuche el audio de la entrevista clicando aquí)

Salvador Gutiérrez. Foto: https://www.rae.es

«Hay de todo, desde normativas a dudas; pero si, por ejemplo, llama una madre para preguntar cómo se analiza la oración para su hijo, eso no se atiende. Se da de todo. Hay muchas que son repetitivas, como diptongos, tildes; otras de orden gramatical, como el, lo, le o la… Tardamos muy poco en responder, si se puede en el mismo día. En épocas de máximo agobio, un poco más».

Además, Salvador ha comentado que «el sistema de la lengua permite la formación de femeninos»: «Cuando apareció minera o árbitra, en un principio causó extrañeza. Hace poco apareció pilota, pero es cosa de una semana, de dos, o de un mes… Con el uso nos habituamos, porque la lengua lo permite, es un sistema lleno de posibilidades».

Julia Otero. Foto: https://www.ondacero.es

Vea: https://www.ondacero.es/programas/julia-en-la-onda/audios-podcast/entrevistas/salvador-gutierrez-espanol-al-dia-rae_201910095d9de48a0cf2945b940000bb.html

Entrevista en audio: https://www.ondacero.es/embed/salvador-gutierrez-espanol-al-dia-rae/audio/2/2019/10/09/5d9de45d7ed1a8c18032228a

Discurso, ideología y poder

Imagen: Rosana Santos Salazar, en: https://zoonphonanta.wordpress.com

En esta entrada pretendo establecer una correlación semejante a la establecida entre lengua, cultura y sociedad, y relacionar el discurso como manifestación del uso de la lengua, la ideología como un elemento cultural y las relaciones de poder como una de las formas de relación que configuran nuestra estructura social. Específicamente, pretendo analizar cómo el discurso ideológico se utiliza como instrumento que legitima la ideología y las relaciones de poder que esta respalda. Propongo una reflexión crítica sobre el carácter disimulado del discurso ideológico e invito desde esa reflexión a desenmascarar las formas sutiles en que se manifiesta la discriminación y que consciente o inconscientemente venimos tolerando en nuestra sociedad.

Alberti, Matos Mar y Escobar (1975) definen la sociedad como “el conjunto de relaciones que se establecen entre los distintos individuos, grupos, clases o sectores que conforman su estructura y organización en un determinado momento”. Para Weber (2012) la estabilidad y durabilidad de una relación social depende de la regularidad de las acciones sociales de los individuos, lo que nos permite hablar de “usos sociales”, prácticas regulares que configuran un orden social determinado.

Weber afirma que el ordenamiento social que termina estructurando la sociedad es, por lo general, fruto de una imposición que se hace efectiva gracias al poder de quien impone dicho orden social. Por tanto, no es el acuerdo general, como solemos pensar, el que comúnmente estructura la sociedad, sino la dominación. Para Weber, esta desempeña una función necesaria para la vida en sociedad y esto ocurre incluso en regímenes democráticos donde de alguna forma la minoría se somete a las decisiones de la mayoría.

Siendo así, cabe preguntarse cómo se ejerce tal dominación y qué hace posible que la gente obedezca y acepte el mandato y la autoridad de otro. ¿Por qué estamos dispuestos a aceptar la dominación? En este punto cobra especial relevancia la idea de “legitimidad”. El concepto de “dominación” de Weber hace referencia a una relación de poder específica que se ejerce sobre alguien que obedece y acepta el mandato porque lo cree legítimo, es decir, válido. La creencia de que un poder es legítimo es una de las principales causas de que las personas se sometan y acaten una orden que proviene de otra persona.

Weber reconoce tres tipos de dominación de acuerdo con el tipo de legitimidad del poder: la dominación racional, la tradicional y la carismática. La primera reposa en la creencia de que el poder es legítimo si proviene de un ordenamiento legal; es decir, si las leyes lo respaldan. La segunda se basa en la creencia en el carácter sagrado de las tradiciones. Finalmente, la legitimidad de la dominación carismática descansa en la percepción del dominio como resultado de las cualidades extraordinarias de la persona que lo ejerce. Es importante destacar que para Weber no es la norma ni la tradición ni el carisma aquello en lo que se sostiene el poder, sino la creencia de que tales formas de poder son legítimas.

Las relaciones de poder son naturales a la vida en sociedad y se sostienen en el tiempo gracias a que están asociadas a un modo de pensamiento, a un conjunto de ideas que respaldan y legitiman la dominación; es decir, el poder que ejerce una persona o un grupo sobre los demás. Llamaremos ideología al conjunto de ideas compartidas por una sociedad relativas a cómo debe ser ejercido el poder en esa sociedad. Cuando se cree firmemente en la legitimidad de una ideología, los individuos pueden estar dispuestos a vivir e, incluso, a morir por ella.

El orden social que se piensa legítima estructura la sociedad, y lo hace de tal manera que en adelante se percibirá como el hábitat natural de los individuos que integran esa sociedad. De esta manera, el poder y la ideología terminan estando en todas partes, configurando el espacio y, por ende, también el discurso, ya que este es el principal vehículo del pensamiento y de las ideas. Al discurso que, implícita o explícitamente, está al servicio del ejercicio de la dominación o al servicio de la legitimación del poder de unos sobre otros lo llamamos discurso ideológico.

La relación de interdependencia que existe entre lengua, cultura y sociedad (desarrollada en una entrada anterior del blog) es semejante a la que existe entre discurso ideológico, ideología y relaciones de poder o dominación.

A través de Rossana Santos (06/10/2019): Discurso, ideología y poder. (Adaptado)