La dolarización del idioma español

La dolarización es el proceso mediante el cual un país adopta de manera oficial o extraoficial el uso de la moneda estadounidense (dólar, $), de allí el origen del término, a fin de ser empleado en transacciones económicas y financieras en cierto país. En este sentido, la moneda estadounidense reemplaza la moneda local en sus funciones básicas: reserva de valor, unidad monetaria, forma de pago.

Dolarización

El término dolarizar es un verbo válido para expresar la acción de ‘oficializarse en un país el uso del dólar estadounidense’. (Foto: http://www.notiactual.com/).

El dólar entonces es acogido como moneda de curso legal exclusivo y/o predominante, por lo que el país receptor pierde parte de su soberanía monetaria y, consecuentemente, parte de su soberanía nacional, motivo por el cual la dolarización enfrenta fuerte oposición en muchos países.

Tres de las principales razones que llevan a un país a dolarizar su economía son:

  1. colonización;
  2. adopción independiente y voluntaria por el país receptor;
  3. medida de combate de la crisis económica.

Ahora bien, en lo que se refiere al asunto que nos ocupa, según la Fundéu el término dolarizar es un verbo válido para expresar la acción de ‘oficializarse en un país el uso del dólar estadounidense’.

Por eso, en los medios de comunicación encontramos frases como «Dolarizar o mantener el bolívar: ¿qué le conviene a Venezuela?», «Dolarizar la economía, ¿la salvación de Venezuela?» o «¿Por qué la dolarización puede no ser una buena idea?».

En este caso, ¿qué sentido tiene el término dolarizarse? Dolarizarse, cuando usado en su forma pronominal, según el diccionario académico, tiene el significado de ‘oficializarse en un país el empleo del dólar estadounidense’. Es una voz muy común en países como Colombia, Costa Rica, Guatemala y Panamá.

También, el Diccionario de americanismos y el diccionario Clave, lo definen como verbo transitivo (‘hacer que una economía pase a tener el dólar estadounidense como patrón monetario’). Amplían sus significados dándole el sentido de ‘referido especialmente a una moneda: equiparar su valor al del dólar estadounidense’, respectivamente.

La dolarización es un fenómeno mundial. La globalización, las reducciones arancelarias, la libre circulación de capitales, los acuerdos internacionales y el aumento del volumen del comercio internacional, entre muchos otros factores, han intervenido directa e indirectamente en la dolarización de algunas economías, aunque eso no represente necesariamente una mejora de la economía local.

Por tanto, en los casos empleados aquí, en los que dolarizar es usado como verbo transitivo, tiene el sentido de oficializar el dólar como moneda («Dolarizar o mantener el bolívar»). Es decir, equiparar el valor de una moneda al del dólar («Dolarizar la economía»), así como aquellos casos en que se emplea el sustantivo derivado («La dolarización puede no ser una buena idea»), pueden considerarse válidos.

Referencias

Versus contra Versus

Versus

Durante mucho tiempo la Academia de la Lengua recomendó que convenía evitar el uso del latinismo anglicado versus y reemplazarlo por expresiones como ‘contra’ o ‘frente a’. Pero la última edición del Diccionario académico de la lengua española incluye la preposición versus en su formato redondo. Es decir, ahora esta palabra es considerada como un término propio del idioma español por su incorporación natural a la lengua, manteniendo su significado de ‘frente a’, ‘contra’. Es decir, no es más necesario escribir versus en cursiva, itálica o con comillas (a no ser para destacarla, o por cuestiones didácticas, etc.).

La 23ª edición del Diccionario académico (2014) incorporó versus a su texto en letra redonda e indicó que, aunque en latín versus significaba ‘hacia’, la palabra ha llegado al español a través del inglés, con el significado de ‘frente a’, ‘contra’. Por su parte, la Nueva gramática de la lengua española (2009) dio una explicación semejante y señaló que, a pesar de que el uso de versus con esos significados no es incorrecto, se consideraba más adecuado usar ‘frente a’ o ‘contra’, según los casos. Finalmente, la Ortografía de la lengua española determinaba que la abreviatura de versus es vs., en minúsculas y con punto abreviativo.

Por tanto, es justo que estos cambios acontezcan, después de tanto tiempo de uso. Puede decirse, entonces, que esta palabrita, versus, fue discriminada durante mucho tiempo. Ahora es justo colocarla en su correspondiente lugar.

Vea:

«“versus” es “frente a” o “contra”». FundéuRAE | Fundación del Español Urgente, FundéuRAE, 4 de julio de 2018, https://www.fundeu.es/recomendacion/versus-contra-frentea/.

Diferencia de uso entre «aun» y «aún»

Con tilde:

  1. Cuando equivale a «todavía» (valor temporal). 
  2. Cuando equivale a «incluso», con valor ponderativo (delante de «más», «menos» o con cualquier comparativo sintético).
  • Ella sabe aún más que yo
  • Pedro es aún mejor que Vicente
  • Juan es más complicado aún que ella
  • Es mejor aún de lo que esperaba

Sin tilde (monosílaba y átona)

Cuando equivale a «incluso», «siquiera» y con valor concesivo.

  • Aun así, no reacciona
  • Aun estudiando, no apruebo

Nótese la diferencia:

  • Aún enfermo, aprobó (todavía enfermo)
  • Aun enfermo, aprobó (incluso enfermo)

 

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Escriba aun o aún, según sea necesario.

 

No había anochecido [         ] y ya tenía sueño.

Después de tanto tiempo, [          ] no lo conozco.

No entiendo qué paso, [          ] sabiendo quién lo hizo.

Le subieron a un notable y [         ] se seguía quejando .

Ni [         ] así creo que lo conseguirá.

Iré al monte, [         ] sabiendo que puede llover.

Mi bicicleta es [         ] mejor que la de él.

No llegará a su nivel ni [         ] entrenando a fondo.

No me iré, [         ] sabiendo que me interesaría.

 

Baseado en: https://blog.lengua-e.com/2007/aun-con-tilde-y-aun-sin-tilde/

Texto sugerido: Manual de acentuación, de Alberto Bustos

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Concepción Company: «El lenguaje inclusivo es una tontería»

Concepción Company
Concepción Company: “El lenguaje inclusivo es una tontería.” (Foto: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/cultura/2018/01/05/lenguaje-inclusivo-tonteria/0003_201801G5P34991.htm#)

«Igualdad no es que te llamen arquitecta, es que te paguen igual y tengas las mismas oportunidades», dice la académica de la lengua de México.

Concepción Company Company (Madrid, 1954) ocupó su silla en la Academia Mexicana de la Lengua en el año 2005, y en el 2016 ingresó en el Colegio Nacional de México, una institución que desde su creación tuvo 98 miembros varones y solo cuatro mujeres. Pero esta gran conversadora lo tiene claro: «No quiero que me incluyan por ser mujer, pero tampoco que me excluyan, que no me vean o no me tengan en cuenta por serlo».

¿Es sexista el lenguaje?

—Creo que la gramática no es sexista ni deja de serlo. No es un concepto que pueda ser aplicado a la gramática, pero sí al lenguaje y al discurso.

¿Entonces sí puede serlo el lenguaje?

—Puede serlo el uso que hagamos de la gramática o cómo construyamos el discurso. Eso sí puede serlo, y de hecho muchas veces lo es. La gramática es totalmente aséptica, está ahí porque le funciona a una comunidad, pero el uso sí puede ser sexista. Por ejemplo, cuando a un hombre le dan un premio, los periódicos mexicanos suelen decir: Juan Pérez fue reconocido con el premio Cervantes. En este caso Juan está a la cabeza de la oración, figura como el tópico, el principal. Pero si es una mujer con frecuencia aparece: el premio Cervantes le fue otorgado a Juana Pérez. Aquí quien aparece a la cabeza es el premio y la pobre Juana está a la cola. Eso sí es discriminatorio. También ocurre que si el premiado es un hombre se escribe un texto con su currículo y si es una mujer se ponen como mucho tres líneas.

Por no contar cuando se dice que está casada y tiene hijos.

—¡No me diga, eso me levanta la presión [exclama], la tensión, como dicen en España! Es como María Moliner, una gran lexicógrafa de quien todo el mundo dice que tenía cinco hijos y le zurcía los calcetines al marido. Eso sí es discriminatorio, por eso le digo que el discurso sí puede serlo, pero la gramática únicamente recoge repositorios históricos de siglos y milenios, y una comunidad funciona con ella.

Por otro lado, tenemos un discurso de lo políticamente correcto, aunque Francia acaba de prohibir el lenguaje inclusivo en textos institucionales. En España los discursos insisten en el uso de «compañeras» y «compañeros».

—Le hablo como gramática e historiadora de la lengua: es una tontería; así, tranquilamente. En primer lugar, no es equidad de género, sino de sexo, el género es de la gramática, y aunque pueda escandalizar, es una obviedad gramatical que el género masculino no significa masculino hombre, sino que es indiferente al sexo. El género gramatical que en la lengua española puede discriminar es el femenino. Si yo digo: todos tenemos sentimientos, no es androcéntrico, no es machismo. Me parece además que el lenguaje incluyente es antieconómico, no me imagino a un creador diciendo ‘‘queridos compañeros y queridas compañeras’’. En aras de esa equidad estamos perdiendo equilibrio, elegancia en la lengua y podemos cometer errores gramaticales. En México hay una pelea en la Cámara de senadores para intentar modificar la Constitución… En fin, lo que tenemos que modificar es la sociedad.

El cambio debe darse entonces en la sociedad.

—Sí, hace dos años en la UNAM hubo una campaña de equidad de sexo, mal llamada equidad de género, que decía: equidad es que te llamen arquitecta. A mí me pueden llamar ‘‘oye, tú’’, o no llamarme de ningún modo; igualdad es que me paguen igual, me contraten igual y que tenga las mismas oportunidades sociales. En el Colegio Nacional al que pertenezco corren ríos de tinta por el escaso número de mujeres que hay, pero yo no quiero que me incluyan por ser mujer, como no quiero que me excluyan por ello. Y esta batalla no se da en la gramática, se da en la sociedad. Cuando las sociedades sean igualitarias estoy segurísima de que los hábitos gramaticales se van a modificar. Y no es banal preguntarse por qué hay tan pocas mujeres en instituciones como las academias, hay que preguntárselo y no es trivial.

¿Deberían tenerse más en cuenta las variantes de los países de Latinoamérica para elaborar diccionarios y gramáticas?

—Ese es el ideal, y creo que estamos en el camino de mostrar la riqueza del español americano, que además aporta aproximadamente el 92 % de los hablantes nativos de lengua española. La lengua es el patrimonio inmaterial de cualquier ser humano y nos va la vida en defenderla. De hecho, un peruano y un español pueden tener discusiones acaloradísimas de por qué la palabra patata aparece como primera definición y no papa. En patata se define el tubérculo y el 92 % de los hispanohablantes se sienten en segundo lugar. La gramática dice: en Perú se dice así, en Ecuador así, y en el español general de tal modo… Pero, ¿cuál es ese español general si hay 350 millones de hispanohablantes que lo dicen de otra forma?

Es decir, que no haya acepciones de primera o de segunda.

—Exactamente, cuando no haya jerarquías identitarias no habrá problema. Otra característica de las gramáticas es que ponen americanismo, como si fuera una sola lengua, un error garrafal por el que hemos batallado mucho.

Hay escritores descuidados y eso no es un hecho de creatividad

Afirma que no puede confundirse descuido con creatividad. Para Company los escritores deberían ser precisos con el uso que hacen de la gramática.

¿Debe un escritor ser exquisito con el lenguaje o en la libertad de un texto literario caben fórmulas no correctas?

—Una cosa es ser creativo y otra cometer errores o ser descuidado. Hay escritores descuidados, donde se ve que hay inconcordancias, y eso me molesta porque no es un hecho de creatividad. Estoy segura de que un escritor afina, depura… Pensemos en las ediciones en donde se ven los muchos manuscritos elaborados. Por ejemplo, uno cree que Madame Bovary salió a la primera y no es así. Me molestan estos descuidos en los que veo un adjetivo mal concordado, que no tiene nada que ver con la creatividad. Rayuela tiene muchas historias de rompecabezas y, sin embargo, Cortázar era un exquisito y tiene una altísima creatividad.

El diccionario de la RAE ha incorporado palabras como táper o cracker. ¿Es bueno recoger palabras de otros idiomas o debemos proteger nuestro vocabulario?

—En este caso mi corazón y mi cabeza no están sintonizados. Como gramática creo profundamente en que no pasa nada porque el contacto llegue a las lenguas y estas se enriquezcan. Nadie se asusta de que la lengua española tenga 5.000 arabismos y vamos al supermercado a comprar aceite, no óleo. Mi cabeza me dice que las lenguas se enriquecen con el contacto, entran préstamos y no pasa nada. Ahora, cuando llegamos al corazón, evito hasta donde me es posible usar anglicismos si tengo equivalente en castellano, y tengo que hacer ese esfuerzo. En México hay una franja de edad en que se cree que diciendo cool y naíf se habla más bonito, y a mí me parece un espanto.

Tomado de: Elisa Álvarez en:

Álvarez, Elisa. «Concepción Company: El lenguaje inclusivo es una tontería». La Voz de Galicia, 5 de enero de 2018, https://www.lavozdegalicia.es/noticia/cultura/2018/01/05/lenguaje-inclusivo-tonteria/0003_201801G5P34991.htm.