Proporcionar respuestas excelentes y emitir opiniones magistrales es un arte de la comunicación que se desarrolla con la práctica y el tiempo. Una buena respuesta puede considerarse como un perfume de exquisita calidad almacenado en un pequeño frasco. Lamentablemente, algunos, por diversas razones, no logran dar buenas respuestas. Aprovechando que estamos aqui, exploremos algunas formas que nos ayudarán a ser comunicadores destacados.

Una mujer hablando con alguien a través del celular. Foto: Gustavo Peres,
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Una de las principales tendencias de nuestra sociedad es la pérdida del uso de expresiones como: “buenos días”, “por favor”, “gracias”, “le agradezco”. Ese orgullo distorsionado que nos ha enseñado esta sociedad narcisista y anarquista nos está empujando al precipicio idiomático. Si continuamos por ese camino, en breve seremos testigos de la eliminación de esas palabras, por ser consideradas primitivas y anticuadas. Gracias a Dios, aún perviven en los diccionarios de nuestros días, pero resta poco, si no tomamos cuidado.
Parece mismo que muchas personas solo están inclinadas a dar respuestas negativas, sea para hacer hervir la cabeza del otro, o por broma. Esto no debería ser así, pero es. Algunos sienten placer en provocar el habla de los otros solo para entrar en una disputa verbal, como si fuesen gallos de pelea. Llamaríamos eso de “comunicación smog”.
Mantener el equilibrio siempre es necesario. Si nos detuviésemos a reflexionar, notaríamos que la cantidad de expresiones negativas tales como “no”, “nada”, “no me interesa”, “no es mi problema”, “no me importa” se usa de modo excesiva y su frecuencia es abrumadora. Tal exceso de negatividad no beneficia al alma, ya que refleja una actitud egoísta.
Por eso, nuestra habla siempre debe ser agradable. Para conseguir eso, es necesario que aprendamos a usar palabras y expresiones positivas. Nuestra habla debe ser como cuando se prepara una comida. Ninguno de nosotros colocaría un exceso de sal y condimentos en los alimentos que están siendo preparados, ni abusaríamos del uso del agua.
El habla tiene que ser así… equilibrada. Ni mucha sal, ni mucha agua. Las respuestas excelentes son producto de un proceso reflexivo que pretende conducir el pensamiento del interlocutor. Si queremos que nuestra escucha preste atención a lo que decimos, y acepte nuestros conceptos, debemos buscar formas que puedan ejercer una influencia positiva en la mente y en la forma como nuestro amigo deba entender nuestra conversa.
Punto de vista de quien escucha
No siempre lo que nosotros decimos es correcto. No es nada humilde insistir en una idea que sabemos que no es verdadera, no es edificante y no construye. No debemos ser como que “abogados” en todo tiempo de ideales equivocados, ni estar defendiendo egoístamente conceptos, cuando sabemos que esos conceptos no tienen fundamento alguno. Si está en la hora de reconocer que el otro tiene razón, está en la hora de flexibilizar nuestro punto de vista.
Así que, debemos ver los motivos de la otra persona. Ser simpático es ser empático, no antipático, aunque no necesariamente toda persona que aparenta ser antipática sea egoísta. No podemos confundirnos ni dejarnos llevar por meras apariencias. Si pensábamos que la Tierra es cuadrada, y se nos ha demostrado científicamente que no, que es redonda, ¿qué vamos a hacer? ¿Vamos a insistir en que es cuadrada?
Para saber cómo responder a los otros, debemos conocer el punto de vista de los otros, las preocupaciones de quien formula la pregunta. Es bueno preguntarse: ¿Cuál es el motivo de la pregunta? ¿Es necesario responder ahora? ¿La respuesta puede causar polémica? ¿Estoy interesado en polemizar? ¿Es una pregunta de punto de vista o una pregunta que exija una respuesta única, direccionada? Las respuestas sencillas, directas y bien intencionadas generalmente producen resultados excelentes. Pero debemos tener cuidado de lo que hablamos, porque lo que decimos puede ser usado en nuestra contra, dependiendo de la importancia del asunto, claro. Así que, ser discreto es la ‘fórmula mágica’.
Este tipo de situación la enfrentamos en el trabajo con cierta frecuencia. Por ejemplo, si necesito pedir permiso en el empleo para atender algún asunto particular, ¿cómo hago para convencer mi jefe? Y si no me concede el permiso, ¿cómo puedo negociar? ¿Será que me voy a poner a discutir, reclamar, patalear o faltar al trabajo? Bien, cada caso es cada caso. Ahora, veamos otro ángulo. Supongamos que fuera el jefe que necesita que yo trabaje horas extras, ¿cuál será mi reacción? Bien, algunas veces tenemos que saber escuchar un “no” y otras veces tenemos que saber decir “no”.
Según algunos estudiosos del tema, muchos de nosotros no sabemos decir “no” en el momento apropiado. No siempre un “sí” es bueno. También, algunas veces saber decir “no” es bueno cuando corresponda. Por ejemplo, si mi jefe me pide hacer horas extras con excesiva frecuencia y descuido mi mujer, mis hijos y mi familia, está en la hora de decir un “no” a la empresa, porque la familia es principal, no la empresa. La célula fundamental de la sociedad es la familia, no la empresa, mucho menos el jefe.
Igual, un joven puede tener una idea que es contraria a la de su padre o profesor, y para él poder imponerla tiene que saber ser discreto, inteligente y firme. En la hora que sea cuestionado, una respuesta apropiada y convincente puede producir los resultados esperados por él. Por eso, mantener integridad de nuestras propuestas e ideas depende de varios factores, sean internos, sean externos. La firmeza es un don que no todo el mundo tiene.
Cuestiones personales y de conciencia
Algunas respuestas tienen que ver con cuestiones morales, con principios, con creencias, etc., lo que significa que las soluciones pueden ser múltiples, ya que es una cuestión moral, y las cuestiones morales tienen varios ángulos.
Respetar el punto de vista del oyente es muy importante para poder convencerlo de nuestra visión. De nuevo, si el punto de vista del otro parece ser razonable, es bueno darle el debido valor. Si nuestro punto de vista es razonable, puede que sea bueno defender esa propuesta. Pero, ante todo, debemos evitar ser fanáticos, sustentando ideas y propuestas que no tienen lógica, no son razonables ni benefician a nadie.
Lo mejor de todo es siempre buscar una forma que pueda resultar en beneficio de todos. Al final de cuentas, somos ciudadanos y como ciudadanos todos tenemos derechos y obligaciones. Es como se dice en el mundo de las leyes: ‘mis derechos terminan cuando comienzan los del otro’.
Opinando en una reunión
Comentar en una reunión es algo diferente a cuando conversamos con un único individuo. Aquí ya estamos frente a un grupo, cuyos integrantes tiene ideas diferentes a las nuestras. Puede ser que sean partidarios de nuestros conceptos filosóficos, pero esto ni siempre acontece. Así que está en la hora de calcular los costos y determinar nuevas estrategias para que nuestras propuestas sean consideradas y aceptadas. Dependiendo del tipo de reunión, vamos a compartir con los demás nuestra concepción de vida.
Procuremos entonces que nuestras ideas sean expuestas de forma clara, directa e impactante. Nuestras respuestas deben ser favorables y cuidadosas. Si pudiésemos determinar anticipadamente el contenido de la reunión, entonces tendremos una pauta para seguir. Podríamos entonces preparar algunas respuestas que serán expuestas en el momento en que estemos reunidos.
De nuevo, es bueno preguntarse: ¿Cuál es el propósito de la reunión? ¿Se espera que yo comente alguna cosa, que responda alguna pregunta? ¿Da para opinar libremente? ¿En qué momento de la reunión yo debo comentar? ¿Cuál es el punto que me favorece y cuál me desfavorece? Para que nuestros comentarios sean aceptados por la mayoría, ellos deben estar repletos de términos que sean atrayentes, que permitan cautivar el interés de los presentes. Para tanto, no debe faltar la convicción, la motivación, la aplicabilidad de nuestras propuestas.
Sugerencias para dar respuestas excelentes
Es verdad que la comunicación constructiva es importante en nuestra sociedad. También es verdad que la tecnología nos comunica virtualmente, pero también sabemos que la tecnologia suela distanciarnos como seres humanos. Ese distanciamiento físico puede perjudicar nuestra salud física, mental y emocional. Poco cuidado es poco en este sentido. Por eso, vale la pena algunas reflexiones:
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Escuche de forma activa: Preste atención a lo que dicen los demás. Escuchar activamente implica comprender y mostrar interés genuino en sus palabras, pero cuidado también con lo que escucha, cómo escucha y cuál es su deseo de escuchar sobre esto o sobre aquello.
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Muestre empatía: Intente ponerse en el lugar de la otra persona. La empatía nos ayuda a comprender mejor sus sentimientos y perspectivas de las personas y nos da una marjen de seguridad y de comparación justa.
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Use un lenguaje positivo: En vez de enfocarse en ideas negativas, sustituya las ideas que transmiten conceptos negativos, los cuales pueden perjudicar su reputación y que pueden producir un efecto negativo sobre la forma como los otros deben verlo. Portanto, expresiones de gratitud, amabilidad y aprecio son elogiables, agradables y atraentes. Al final de cuentas, ¿quién se agrada con una persona «cascarrabia»? Eso no significa que debemos ser fingidos o hipócritas, porque ese tipo de actitud puede ser detectado facilmente y pueden alejar las personas de nuestro entorno.
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Evite el lenguaje soez: Las redes sociales son un ejemplo de un mundo inundado por lenguajes de baja categoría, calumniosas y de pésima reputación. Por eso, vea cómo está comunicándose a través de los sistemas electrónicos de comunicación y preste atención a los elementos que puedan estar afectando prograsivamente su lenguaje técnico, profesional y personal. Evite caer en provocaciones. Usted puede tener una vida repleta de buena imagen pública. Puede ser que le conozcan como una persona muy respetuosa y amable, pero el día en que cometer un error personal, o talvez caiga en una trampa, su reputación va para el piso y nadie estará allí para ayudarle en su destino.
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Esmérece por usar siempre expresiones corteses: No piense que las frase: “buenos días”, “por favor” y “gracias” están fuera de moda. Eso no es verdad. Vea el brillo de los ojos de las personas con quienes interactua, aquellas con las que cruza palabras agradables y de buena reputación. Perciba el toque grandioso de aquellas palabras que levantan el ánimo y la autoestima del que está deprimido o confundido.
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Muestre equilibrio: Como mostrado en este artículo, el equilibrio en el uso de las frases es esencial para la transmisión correcta de las ideas. No exagere con expresiones negativas ni se muestre indiferente. El equilibrio emocional es el puente que conecta la comunicación correcta con la comprensión exacta.
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Construya puentes de comunicación: En lugar de entrar en disputas verbales, busque puntos en común y construya puentes de comunicación e interacción entre las personas.
En resumen, una comunicación positiva y constructiva puede marcar la diferencia en nuestras relaciones y en la sociedad en general. Al considerar estos aspectos, nuestra comunicación será fluida, agradable y constructiva. De esa forma atraeremos la atención, el cariño y el respeto de aquellos que nos escuhan.
Referencias
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- Mitjans Herrero, Saturnino. “La Comunicación Incomunicada”, por Saturnino Mitjans Herrero. Disponible en: Resumen: Este artículo analiza los estilos de comunicación como elemento estratégico de las habilidades directivas en las organizaciones. Destaca la importancia de tratar la comunicación de manera estratégica en los niveles directivos para mejorar las organizaciones.
- Orosa García, Berta. “Gabinetes de Comunicación Online”. Disponible en: https://www.rrppnet.com.ar/bibliografiacomunicacion.htm.
Otras Referencias
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WASTZLAWICK, Bavelas y Jackson. Teoría de la Comunicación Humana. Herder. Barcelona . 1997.