El 22 de junio es el 173.º (centésimo septuagésimo tercer) día del año en el calendario gregoriano y el 174.º en los años bisiestos. Contando de aquí, faltan 192 días para finalizar el año.
El día sábado, 22 de junio, es el Día del Español. Es una fecha que compartimos, al igual que nuestra lengua, 500 millones de personas. Una jornada especial para el Instituto Cervantes. El Cervantes ha preparado varias actividades para festejar esta jornada en diferentes partes del mundo. De todas ella, en la edición de Radio España, grabación anexa, nos habla Montserrat Iglesias, directora del Área de Cultura del Instituto Cervantes.
En el programa son repasadas las cifras que abalan a nuestro idioma, la importancia de los clásicos, el cómic con Arturo Obregón y la última novela de Rosa Montero, La ridícula idea de no volver a verte.
Por cuanto, expresión que tiene valor causal y equivale aporque, no va seguida de la conjunción que, según se señala en el Diccionario panhispánico de dudas.
Modelo de conjunciones
Sin embargo es común encontrar esta construcción en los medios de comunicación: «El hecho no debía haberse producido por cuanto que España no tiene acuerdo con Marruecos» o, «Las predicciones aún no son muy de fiar por cuanto que se trata de modelos numéricos».
Tal y como se afirma en la gramática académica, la locución conjuntiva por cuanto queno se ha extendido en la lengua culta, razón por la cual estos usos no resultan recomendables.
Lo adecuado en los ejemplos anteriores, por tanto, habría sido escribir: «El hecho no debía haberse producido por cuanto España no tiene acuerdo con Marruecos» y «Las predicciones aún no son muy de fiarpor cuanto se trata de modelos numéricos».
¿Cuál es la causa por la cual muchos niños no sienten deseo de leer? Respuesta: Estudios indican que buena parte de la culpa puede estar en la televisión y en los videojuegos.
A continuación transcribimos un trabajo presentado por el periódico ABC.
«Haced lo que queráis, porque de todas maneras lo haréis mal», decía Sigmund Freud a las madres. Quizá fuera demasiado extremo, pero lo cierto es que con toda la buena voluntad del mundo, a veces los padres se equivocan. Todos querrían ver a sus hijos devorando libros y disfrutando al leer mientras aprenden sobre mil y un asuntos, pero en su empeño por fomentar la lectura, el tiro les sale por la culata. ¿Qué falla?
No «hay que leer». Ya lo decía el escritor francés y profesor de literatura Daniel Pennac en el ensayo «Como una novela» con el que lleva abriendo la mente a muchos padres y educadores desde hace 20 años: el verbo leer, como el amar o el soñar, «no soporta el imperativo». Leer es un derecho, no un deber. Es inútil obligar a leer y además resulta contraproducente porque no se transmite una afición por la fuerza.
No se contagia un «virus» que no se tiene. Si los padres no leen o sus hijos no les ven leer, difícilmente podrán convencerles de que se lo van a pasar bien leyendo. Las personas a las que les gusta leer normalmente han tenido algún familiar que les ha transmitido la pasión por los libros. La falta de tiempo no es excusa porque cuando algo realmente se quiere, se busca el tiempo, insiste Pennac.
La lectura, no siempre en soledad. Leer a un niño «es una práctica fundamental, tal vez la más importante y eficaz sobre todo con los niños que tienen dificultades para leer y les cuesta un gran esfuerzo», señala el maestro, licenciado en Historia y logopeda Pablo Pascual Sorribas. Al escuchar a sus padres, comprenden mejor el mensaje y disfrutan con la historia.
¿…y por qué en silencio? «¡Extraña desaparición la de la lectura en voz alta. ¿Qué habría pensado de esto Dostoievski? ¿Y Flaubert? ¿Ya no tenemos derecho a meternos las palabras en la boca antes de clavárnoslas en la cabeza? ¿Ya no hay oído? ¿Ya no hay música? ¿Ya no hay saliva? ¿Las palabras ya no tienen sabor? ¡Y qué más! ¿Acaso Flaubert no se gritó su Bovary hasta reventarse los tímpanos? ¿Acaso no es el más indicado para saber que la comprensión del texto pasa por el sonido de las palabras de donde sacan todo su sentido?», escribía Pennac.
No al constante «¿qué has leído?». Examinar a los niños de cada capítulo o cada libro convierte un placer en un examen, con la ansiedad que de ello se deriva. Conversar sobre un libro que se ha leído fomenta la lectura, siempre que el niño no se siente como en un banquillo. Es el «derecho a callarse» de todo lector, porque ¿a quién no le molesta que le pregunten qué ha entendido?
No a los clásicos por obligación. La escritora Ángeles Caso describía en el artículo «Lectores del siglo XXI» cómo se enamoró de la literatura: «No recuerdo que mi padre me negase nunca un libro. Ni por bueno ni por malo, ni por demasiado sencillo ni por demasiado complicado, ni por moral ni por inmoral. En mi casa leíamos con la misma fruición los «Cuentos del conde Lucanor» y las historietas de Tintín, el «Poema del Cid» y las trastadas de Guillermo Brown…». Y añadía: «Si alguna vez le devolví un libro sin terminarlo, lo recogió con la misma sonrisa con que me lo había entregado, sin hacerme sentir culpable o tonta por mi desinterés». Los padres pueden alentar y estimular, pero los lectores tienen derecho a elegir.
No al «hasta que no lo acabes, no hay televisión». La televisión se convierte así en un premio y la lectura en un trabajo, en el peaje necesario hasta la tele, una contradicción. Y puede ser la tele, o la consola…
Miguel de Cervantes decía: «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho». No pongamos zancadillas.
Los diez derechos del lector
El escritor y profesor francés Daniel Pennac recoge en «Como una novela» (Anagrama) el decálogo de los derechos del lector:
El derecho de no leer un libro.
El derecho de saltar las páginas.
El derecho de no terminar un libro.
El derecho de releer.
El derecho de leer lo que sea.
El derecho al Bovaryismo (enfermedad textual transmisible).
El derecho de leer donde sea.
El derecho de buscar libros, abrirlos en donde sea y leer un pedazo.
Este reportaje es un maravilloso trabajo de investigación que trata sobre el futuro de la biblioteca tradicional. Exposición de Robert Darnton de la Universidad de Harvard.
Esta hipótesis sobre el origen del indoeuropeo es señalada en una investigación de la revista Science
Hay dos hipótesis que compiten para explicar dónde, cuándo y cómo se expandió la primera lengua indoeuropea, si es que se puede hablar con propiedad de la «primera lengua indoeuropea». La explicación convencional, y probablemente más admitida hasta ahora, sitúa la raíz madre del indoeuropeo hace unos 6.000 años en la zona esteparia entre la Europa suroriental y el Asia central. Una versión alternativa es que el «protoindogermánico» o «protoindoeuropeo» nació no muy lejos de allí, en Anatolia, en la actual Turquía, junto al mar Negro, y que se expandió con el desarrollo de la agricultura (aunque no solo por este motivo) entre el 8000 y el 9000 antes de Jesucristo. Es decir, en la misma época en que las mejores cronologías bíblicas nos dicen que vivieron Caín y Abel, y mucho antes de la llegada de nuestro padre Abraham a la Tierra Prometida (en torno al 1850 antes de Cristo).
Construcciones de la antigua Turquía
La segunda hipótesis del origen del indoeuropeo (en Anatolia y hace entre 8.000 y 9.000 años) es la que ahora apuntala una investigación que publica la revista especializada Science en su último número.
El español, como el inglés, el francés, el alemán, el ruso, el polaco, el persa, el hindi…, y también lenguas antiguas como el latín clásico, el griego clásico, el sánscrito…, todas ellas, son lenguas indoeuropeas, una de las familias más prolíficas del mundo, que en sus versiones modificadas actuales se habla en puntos tan distantes como Islandia de Ceilán.
La «protolengua»
Lo que llamamos indoeuropeo es una «protolengua», una lengua no documentada, una hipótesis con la que se explica el origen de otros idiomas.
Cuando los británicos se asentaron en la India, durante el siglo XVIII, observaron certeramente el parentesco entre el habla de allí y las lenguas occidentales. Por ejemplo, especialmente similares encontraron los nombres de los números, que eran palabras de uso muy frecuente en el comercio. Las designaciones indias «asta» y «nava», parecían calcos del latín «octo», «novem», o al revés. Concluyeron estos británicos, también acertadamente, que esos parecidosno podían ser un mero producto del azar.
En el siglo XIX ya se establecieron comparaciones más fiables en Europa, a la que llegaban manuscritos de distintas lenguas. Empezaron a hacerse estudios serios comparativos del hindi, el latín, el griego, las lenguas eslavas, el armenio, etc. Nació la gramática comparada, y más en concreto la indoeuropeística, que en España, actualmente, cultiva el profesor Francisco Rodríguez Adrados.
El modelo de Bayes
Volviendo a la revista «Science». Los autores del artículo en cuestión han empleado métodos estadísticos de inferencia del matemático Thomas Bayes, técnicas de la «filogeografía» (el estudio de los procesos responsables de la distribución geográfica de los individuos) y de la «filogenética» (distribución geográfica según modelos asociados con la procedencia genética). Al cóctel anterior han añadido el vocabulario básico de 103 lenguas antiguas y modernas indogermánicas.
Con ello, y la adecuada elaboración, evidencian el modelo de expansión de las familias de las lenguas indoeuropeas y hallan indicios decisivos que sitúan al indoeuropeo en Anatolia en un momento que casa con la expansión de la agricultura (entre el 8000 y el 9000 antes de Jesucristo). Según los autores del trabajo, sus resultados ponen de manifiesto el papel crucialque la inferencia «filogeográfica» puede jugar para resolver debates sobre la prehistoria.
El método que han adoptado Remco Bouckaert, de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, junto a Philippe Lemey, Michael Dunn y otros colegas (que son los que firman el artículo de «Science»), ya se emplea en la biología evolutiva para establecer familias genéticas basadas en similitudes de ADN, o para rastrear el origen en la expansión de un virus.
La novedad de este artículo de «Science» es que en lugar de comparar especies, los autores han comparado lenguas indoeuropeas, y en lugar de ADN, han buscado palabras afines, con una raíz etimológica común, como «mother» en inglés, «Mutter» en alemán y «madre» en español.
Información espacial
Bouckaert y compañeros concluyen su artículo en estos prometedores términos: «La ‘filogenética’ de la lengua proporciona conocimiento en profundidad de la historia cultural de sus hablantes. Nuestro análisis de las lenguas indoeuropeas antiguas y contemporáneas muestra que esos conocimientos se pueden hacer incluso más poderosos incorporando de forma explícita información espacial».
Últimamente se habla mucho de la importancia de trabajar en equipo, especialistas de distintas disciplinas, para llegar a buenos resultados. Esta investigación sobre el origen del indoeuropeo va en esa línea, la de la multidisciplinariedad.
«La lingüística ‘filogeográfica’ nos capacita para situar la historia cultural en el espacio y en el tiempo. De esta manera, nos proporciona un marco analítico riguroso para la síntesis de los datos culturales, genéticos y culturales», se subraya.
El especialista en lingüística e investigador español, Leonardo Gómez Torrego, es el autor del manual «Ortografía súper fácil de la lengua española», editado por Espasa. Gómez asegura que este texto ayuda a resolver en un minuto todas las dudas sobre cómo escribir correctamente en español.
La obra está compuesta de 63 páginas. Es un pequeño manual de profundo contenido, caracterizado, al mismo tiempo, por su lenguaje claro y conciso. Resume las normas de la lengua española que actualmente están en vigencia y responde de forma rápida las inquietudes de cualquier persona que pudiera estar incomodada con alguna duda causada por una frase, palabra o expresión.
Este trabajo dispone de pequeños capítulos que hablan sobre la ortografía de las letras, las sílabas y las palabras. También contiene reglas de acentuación y puntuación. Dudas como: ¿qué diferencia existe entre por que, porqué y por qué? ¿El adverbio solo lleva acénto [sólo]? ¿Como debemos escribir la palabra arcoiris o arco iris?
Gómez Torrego es investigador de Instituto de Lengua, Literatura y Antropologia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y autor de varios libros sobre lingüística como “Ortografía práctica del español”, “Las normas académicas: últimos cambios” o “Hablar y escribir correctamente”.
Grandes escritores latinoamericanos le han rendido un gran homenage al idioma español, lo han enriquecido y fortalecido como nunca antes.
A partir de la década de 1960, fueron agrupados, bajo la designación de «boom latinoamericano», una serie de escritores hispanoamericanos, la mayor parte de ellos narradores. Estos autores se caracterizan por alcanzar gran difusión y por trascender las fronteras de América Latina, aunque poseen tendencias estilísticas variadas.
Entre los principales exponentes de este boom, puede mencionarse a los argentinos Julio Cortázar (1916-1984) y Ernesto Sabato (n. en 1911), al mexicano Carlos Fuentes (n. 1936), al peruano Mario Vargas Llosa (n. 1936), al paraguayo Augusto Roa Bastos (1917-2005), al colombiano Gabriel García Márquez (n. 1928) y a los uruguayos Juan Carlos Onetti (1909-1994) y Mario Benedetti (n.1920).
Otros tantos autores consiguieron difusión mundial, aunque no son mencionados estrictamente como integrantes del mencionado boom, como es el caso de los chilenos Isabel Allende y José Donoso, el peruano Manuel Scorza, los cubanos José Lezama Lima y Guillermo Cabrera Infante, además del argentino Manuel Puig.
No da para dejar de lado otros tantos como: Julio Cortazar, Gabriel Garcia Marquez, Mario Vargas Llosa, Miguel Angel Asturias, Augusto Roa Bastos, José Donoso, Ernesto Sabato, Alejo Carpentier, Carlos Fuentes, Manuel Puig, José Lezama Lima, Guillermo Cabrera Infante, Juan Carlos Onetti, Jorge Luis Borges, Juan Rulfo.